EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA
EL AMOR VERDADERO
Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas» (Mc 12, 30).
Amigo mío:
Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
Tú eres un hombre obediente.
Por eso aceptaste ser sacerdote.
Te hiciste sacerdote para cumplir mis mandamientos, y para hacerlos cumplir.
Esa es tu esencia.
Ese eres tú.
Eso es lo que yo vi en ti.
Tu deseo de servirme obedece a mi amor de predilección por ti.
Tú eres un hombre según mi corazón.
Yo te he configurado conmigo.
Somos uno tú y yo.
Tienes la capacidad de amar hasta el extremo, como yo, teniendo mis mismos sentimientos.
Descúbrela, aprovéchala, aplícala, ejerciendo tu ministerio en fidelidad y obediencia al Santo Padre, cumpliendo tus deberes ministeriales y tus responsabilidades pastorales.
Da buen ejemplo con tus obras.
Escucha mi Palabra, medítala, predícala, explícala, para que el pueblo la entienda y la obedezca.
Amar a Dios por sobre todas las cosas es desear ser santo, para amarlo y adorarlo en la vida eterna.
Escucha bien estas palabras: el que ama a Dios por sobre todas las cosas lo ama por encima de sí mismo.
Por eso no solo desea la santidad para gozar de la vida eterna en el Paraíso, sino que, ante todo, desea alcanzar la santidad, para glorificar a Dios.
Si tú amas al prójimo como a ti mismo desearás para los demás lo que deseas para ti mismo: alcanzar la santidad, para glorificar a Dios en la eternidad.
Olvídate de lo que tú y el mundo quieren, de gozar alcanzando la plenitud y la eterna felicidad.
Eso te anima, eso te motiva.
Pero amar a Dios es mucho más.
Es desear darle tu vida, entregarle tu alma, para llenar su corazón de alegría.
No puedes desear el bien a quien es el Bien.
Pero puedes participar en la bondad de Dios haciendo el bien al prójimo, para que el Señor se glorifique en ti y en todas las almas que vuelvan a Él.
Ese es el sentido verdadero del amor verdadero, QUE YO SOY.
