09/02/2026

Mc 16, 15 - Predicar el Evangelio

PREDICAR EL EVANGELIO

 

«Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura» (Mc 16, 15).


 

Amigo mío:

Te he llamado y te he enviado a predicar el Evangelio.

Por tanto, es para ti un deber.

A través del Evangelio me das a conocer.

Y quien me conoce a mí conoce a mi Padre.

Es necesario que me conozcan para que crean en mí y se salven.

No basta que haya derramado mi sangre para el perdón de los pecados del mundo, para salvarse.

Mi sangre los ha redimido.

Pero cada uno debe de aceptar, con convicción y por su propia voluntad, la salvación que yo he venido a traer, a través de mi muerte y de mi resurrección.

Porque les he dado el maravilloso regalo de la libertad.

Pero solo puede ser verdaderamente libre aquel que conoce la verdad.

El que cree en mí conoce la verdad.

Yo soy la verdad.

Y el que conoce la verdad vive en congruencia con esa verdad.

Los evangelistas son hombres según mi Corazón.

Instrumentos fidelísimos del Espíritu Santo, para revelarle al mundo que Yo Soy.

La misión de mis sacerdotes es por mucho importante.

Tienen la responsabilidad de regir, enseñar y santificar al pueblo de Dios.

Esos tres deberes tienen su fundamento en el Evangelio.

Un sacerdote debe predicar el Evangelio todo el tiempo, con palabras y con obras.

¡Qué trabajo más precioso ser portadores de buenas noticias!

Llevar la buena nueva al mundo…

Dar a conocer al Salvador…

Dar la vida con el Salvador, que actúa con cada uno para darse a conocer Él mismo, confirmando esta predicación con las obras que realizan sus manos, hacedoras de milagros.

Especialmente cuando hacen bajar el pan vivo del Cielo, para alimentar al pueblo con la Carne del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Y con la Palabra, porque no solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.

Yo soy el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Yo soy el Verbo, la Palabra de Dios, que te hace vivir con un corazón ardiente, CON UN CORAZÓN DE LEÓN.