28/01/2026

Lc 4, 24-30 - Profetas de este tiempo

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA

PROFETAS DE ESTE TIEMPO

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 

 

«Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra”» (Lc 4, 20).

 

Amigo mío:

Nadie honra a un profeta en su propia casa.

Esa es una realidad también en este tiempo.

Mis sacerdotes son mis profetas de este tiempo.

Es a los que yo he enviado a predicar el Evangelio, a anunciar la verdad, a advertir lo que pasará si no se convierten, y a enseñar el camino al cielo.

Porque mi Palabra se cumplirá hasta la última letra, y eso es lo que hacen los profetas.

Por tanto, tú, amigo mío, eres un profeta.

EL MÁS GRANDE LOS PROFETAS, porque estás configurado conmigo.

Y así como me trataron a mí, así te tratarán a ti.

Pero alégrate, porque tú sufres por mi causa.

Mi Padre te recompensará.

Serás reconocido en el Reino de los Cielos.

¿Qué acaso no es a lo que aspiras?

Tu casa no es solo la casa de tus padres.

No es la tierra de tus conocidos y amigos nada más.

Tu casa es también el lugar en donde desempeñas tu ministerio y tu labor pastoral.

Tu casa es la Iglesia.

Y, aunque parezca una incongruencia, tampoco aquí te reconocerán.

Tampoco aquí te honrarán.

Mientras te vean como un hombre cualquiera, que, aunque sea sacerdote, es imperfecto, comete errores, vive en medio de ellos… Es como todos.

Menos en que lucha por hacer la voluntad de Dios y alcanzar la santidad.

Y lo que dice compromete a los demás: comportarse de igual manera.

Y no les conviene.

Por eso lo desprecian.

No pierdas la paz.

Ten ánimo grande.

Si te juzgan y te critican en tu casa, vas por buen camino.

A ti te rige tu conciencia.

Cíñete a la obediencia al obispo, al Santo Padre, a la Santa Iglesia.

TEN EL VALOR DE RECONOCERME.

Y de predicar mi Palabra, mi doctrina y enseñanza.

Corrige al que se equivoca.

Cumple c0n tus deberes.

Y no te preocupes por lo que digan de ti.

OCÚPATE DE MÍ.

Sírveme.

Haz lo que yo te digo.

Da buen ejemplo.

Sacrifícate.

Ama a Dios y al prójimo.

Ama y trata bien a los que te ofenden.

No te distraigas con banalidades.

No pierdas tiempo en formalidades.

Vive con sencillez.

ABRAZA TU CRUZ.

Participa del misterio de salvación conmigo.

Haz oración.

Ten devoción.

Adórame.

Contémplame.

Procura imitarme.

Tómate de la mano de mi Madre y cobíjate bajo la protección de mi padre José.

Pide a los santos su ayuda.

Pide a tus ángeles que te asistan, que te sirvan.

Y vive con la alegría de haberme conocido, de haber dejado todo, de haber renunciado a tantas cargas pesadas y a las cadenas que atan al mundo, para tomar tu cruz y seguirme.

Haz esto, y aquellos que te juzgan, que te critican, que no te honran, que no te reconocen, te seguirán y a mí me reconocerán.