EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA
CAMINANDO CON JESÚS
Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ese la encontrará» (Lc 9, 23-24)
Amigo mío:
Te he llamado para que me acompañes en este tiempo, que es tan importante para mí y para ti.
Estos días de caminar conmigo harán mucho bien a tu alma. Repararás mi doloroso Corazón, y para ti será una renovación de tu alma.
Este tiempo es solo para ti y para mí.
Serán momentos breves, pero de intensa oración, en la que yo transformaré tu corazón, para que tengas mis mismos sentimientos. Porque para eso te he dado un corazón como el mío.
El día de hoy te pido que me acompañes, que te abandones totalmente en mí. Que tomes tu cruz y me sigas. Que la unas a la mía, para que seamos uno tú y yo. Y que te llenes de alegría, que, a través de mi cruz, te doy la vida.
Renueva tu alma. Abre tu corazón. Siente mi presencia viva. Aquí estoy.
Ven conmigo y medita mi Palabra en tu corazón.
Muchos de ustedes, mis amigos, creen entender todo el Evangelio, y lo predican a su modo.
Algunos no se dejan guiar con docilidad por el Espíritu Santo. No lo dejan hablar, NO LO DEJAN ACTUAR.
Mi sabiduría no llega hasta donde deseo que la hagan llegar. Predican con sus propias ideas. Incluso, cambian mi doctrina. Y, en lugar de a mi pueblo enseñar, lo confunden más.
Predica tú con mi Palabra. Déjate mover por el Santo Espíritu, que vive en ti. Tú eres mi elegido. Mi gracia está sobre ti. La mano de mi Padre te señala, diciendo: “este es mi Hijo amado: escúchenlo”.
Mi Madre te protege. Mis ángeles te guardan. Mis santos por ti interceden.
Crece en sabiduría, en estatura y en gracia. Experimenta las delicias de mi amor.
Siente arder con el fuego de mi amor tu corazón.
Cierra tus ojos… (pero no te duermas).
SIENTE MI PRESENCIA.
RESPIRA MI ALIENTO.
DEJA QUE TE QUEME ESTE FUEGO VIVO.
ABANDÓNATE EN MÍ.
Deja que tu cuerpo, que tu alma, que todo tu ser sea mío.
Goza de este momento.
Recuerda que yo te he ungido. Tú eres sacerdote para siempre. Tienes mi poder.
Pero, para usarlo bien, primero debes sufrir conmigo.
Contempla el dolor de mi Corazón por todos aquellos sacerdotes míos, obispos y hasta cardenales, que, sentados a mi mesa, mojan su pan en mi plato; y después, como Judas, me traicionan.
Tú ven conmigo. Permanece en mi cruz. Acompáñame, y sírveme. Desea con todas tus fuerzas alcanzar la vida eterna. Eso me complace.
Demos gracias a Dios Padre, y alabémoslo, orando…
Pater noster, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in coelo et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie. Et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus, debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo.
Amen.
