EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA
COMPARTIR LA MISERICORDIA
Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’» (Lc 16, 31).
Amigo mío:
En estos días de Cuaresma, de reflexión, de oración, de penitencia, haz conciencia de tu condición sacerdotal.
Date cuenta de que, aunque parezcas un pobre hombre, que nada tiene, porque has renunciado a todo para seguirme, aunque has dejado padre, madre, casa, tierras, hijos, y a veces vives de la caridad, confiado y abandonado a la Divina Providencia, posees las más grandes riquezas a las que un hombre puede aspirar.
Eres el hombre más poderoso del mundo, porque yo te he dado mi poder, y yo soy todopoderoso.
Eres custodio de los tesoros de Dios. Tú mismo los administras, los compartes con el pueblo de Dios.
Eres un elegido de Dios, aunque te creas un pobre desgraciado e indigno pecador, miserable; un siervo a veces ignorante, pequeño y despreciado del mundo, que no merece tan grande don.
Posees el don porque yo he querido, porque yo te lo he merecido, porque tal y como eres, indigno y pecador, yo te amo, y en ti he puesto mi confianza.
Pero ten cuidado de no corresponder bien a mi amor y a mi confianza, porque los dones, las riquezas espirituales que te he dado, y mi poder, tienen un fin muy claro: buscar a los pecadores, ayudar a los necesitados, hacer la caridad, y mi misericordia sobre ellos derramar.
Todo penitente que se acerca a ti, y todo fiel que acude a ti, son como Lázaro para mí. Y tú eres un rico, a veces engreído, a veces orgulloso y soberbio, que no comparte con ellos lo que yo le di.
Si quieres corresponder, si quieres ganarte el cielo, no pretendas que, por tu condición sacerdotal, que por tu poder y tu riqueza espiritual, que por los dones que yo te he dado, y por lo tanto que te amo, el cielo ya tienes ganado.
Las puertas de mi Paraíso ya abrí para ti, la llave ya te la di, pero la dignidad para que puedas entrar depende de ti.
Lo único que tienes que hacer es parecerte a mí, hacer mis obras, amar a Dios y al prójimo como los amo yo, compartir mis riquezas con mi pueblo Y TRAERLOS A MÍ, para que, contigo y conmigo, adquieran la dignidad que necesitan para entrar en mi Paraíso.
El infierno es tan real como real es el cielo.
El dolor más insoportable de mi Corazón es causado por los sacerdotes que arden en el infierno.
Si piensas que todos los sacerdotes van al cielo, qué equivocado estás.
Ora por los que aún tienen tiempo de convertirse, compartiendo y recibiendo mi misericordia.
