28/01/2026

Lc 15, 1-3. 13-32 - El abrazo del Padre

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA

EL ABRAZO DEL PADRE

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 

«Su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos» (Lc 15, 20).

 

 

Amigo mío:

Mi Padre que está en el cielo me ha dado todo.

A los hombres que Él mismo creó les ha dado un Paraíso, del cual, por justicia, los expulsó, cuando un hombre, que representaba a la humanidad entera, pecó.

Y así todos los hombres pecaron.

Usaron mal su libertad.

Y, aun así, mi Padre que está en el cielo les dio todo.

Les dio a su único hijo como víctima de expiación para el perdón de sus pecados, porque los ama tanto, que desea salvarlos.

Y aquí estoy, entregando mi vida por mi propia voluntad, obedeciendo a mi Padre que está en el cielo, redimiendo a toda la humanidad, y amándolos hasta el extremo.

Y por mí han sido hechas todas las cosas.

Yo he limpiado del pecado original a toda la humanidad.

Pero qué débil es el corazón del hombre, culpando a Adán.

Y, habiendo sido redimidos a través del Bautismo, estando limpios, vuelven a pecar.

El corazón del hombre se aleja del Corazón de Dios por su propia voluntad.

Esa no es la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Esa no es mi voluntad.

La voluntad de Dios es que todos los hombres se salven.

Que vuelvan al abrazo misericordioso de mi Padre, que los perdona una y otra vez, porque mi sacrificio tiene un valor infinito.

Tú estás configurado conmigo, y sin embargo, te comportas a veces como un hijo pródigo, y me haces quedar mal enfrente de la gente que sabe que yo a ti te elegí para darles a ellos los medios para volver a mí.

Humíllate, pide perdón, vuelve al abrazo misericordioso de mi Padre, que a través del sacramento de la Reconciliación te está esperando, mientras yo permanezco aquí, en esta cruz, con los brazos abiertos, diciéndote: “no importa lo que me has hecho, no importa tu pecado”.

Yo tomaré en cuenta, por más grave que sea, que te arrepientes y te conviertes, si extiendes tus brazos conmigo en esta cruz y te dejas abrazar, si comprendes que yo te elegí no porque fueras santo. Yo sabía que eras un pecador, que puede llegar a ser santo, porque mi gracia te santificará.

Si aún no lo has entendido, reflexiona, amigo mío: tú no me elegiste a mí, yo te elegí a ti, PORQUE TE AMO.