28/01/2026

Lc 18, 9-14 - Humillarnos ante Dios

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA

HUMILLARNOS ANTE DIOS

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 

 

«Todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido» (Lc 18, 14).

 

Amigo mío:

El que se humilla y, arrepentido, pide perdón, despierta la compasión de Dios, que corresponde y lo enaltece con la ayuda de su gracia.

Porque a un corazón contrito y humillado no lo desprecia.

Lo toma en sus manos.

Lo transforma.

Lo purifica.

Lo hace semejante al mío.

Participa tú de mis sufrimientos en la cruz.

¿Quién ha sido más humillado por los hombres que el Crucificado?

Si quieres agradar a mi Padre, participa de mis sufrimientos.

Y no te gloríes si no es en mi cruz.

Contempla mi cruz, y medita en esta verdad: en el mundo hice milagros, muchas obras buenas.

Curando enfermos.

Expulsando demonios.

Predicando.

Enseñando.

Ayudando a los más necesitados.

Muchos son testigos de mi actividad apostólica.

Algunas de mis obras están escritas en los Evangelios.

Sin embargo, la gran misericordia de Dios para el mundo la conseguí con los brazos abiertos, inmóvil, en la cruz.

Alabando y glorificando a mi Padre.

Entregándole mi vida.

Haciendo oración.

Contemplando su amor por su creación.

Humillándome ante Él.

Asumiendo en mi carne todos los pecados del mundo, PIDIENDO PERDÓN.

Esa es la perfecta oración, por la que conseguirás infinitas gracias del cielo para ti y para el mundo entero.

Aprende de mí, que soy manso y humilde de corazón.

Abre tus brazos.

Eleva tu corazón al cielo.

Pide perdón.

Arrepiéntete de tus pecados.

Despierta la compasión de Dios al verte ante Él humillado.

Y acepta su gracia, su perdón y su paz.

Entonces vivirás reconciliado con Él, por mis méritos en la cruz.

Antes de celebrar la Santa Misa humíllate ante Dios, y pídele la gracia de participar de mi cruz.

Entonces experimentarás el dolor de mi Sagrado Corazón, y con verdadera pasión, piedad y devoción, seré enaltecido entre tus manos, para glorificar a mi Padre que, en unidad con el Hijo y con el Espíritu Santo, es un solo Dios, Trino y Verdadero.

Y tú eres parte, porque eres uno conmigo.

Recíbeme, aliméntate de mí.

Come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, y serás enaltecido conmigo, ante Dios y ante los hombres.

Cristo, humillado en la cruz, y enaltecido en la resurrección.