09/02/2026

Jn 3, 14-15 - El ejemplo de Juan

EL EJEMPLO DE JUAN

 

«Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna» (Jn 3, 14-15).


 

Amigo mío:

La cruz, según tu parecer, ¿era necesaria?

¿De qué manera, según tu parecer, era el plan de Dios que yo muriera?

¿Entonces, sí era necesaria?

¿Para qué me envió al mundo mi Padre?

Su voluntad fue que yo bebiera de ese cáliz.

Que muriera martirizado y exaltado en una cruz.

Que me humillaran, pareciendo despreciable a los ojos de los hombres.

Con el rostro destrozado, desfigurado.

Con el cuerpo desgarrado, desangrado.

Una muerte ignominiosa.

De la que todos se burlaban.

Una muerte preparada para los peores malhechores.

No había orgullo en mí.

No había dignidad humana.

No había nada que poseyera.

Todo lo di.

Absolutamente todo.

Hasta la última gota de mi sangre fue derramada.

Y mi espíritu entregué en las manos de mi Padre.

Me dejaron solo.

Me traicionaron aquellos que me juraron lealtad, amor, fidelidad.

Tan solo uno se quedó todo el tiempo conmigo.

Me acompañó hasta el sepulcro.

Y fue testigo de mi resurrección.

Según tu parecer, ¿era eso necesario?

¿Qué acaso no era suficiente mi muerte?

Necesario no era ser abandonado por mis amigos.

Necesario era que al menos uno permaneciera conmigo.

Y lleno del Espíritu Santo se quedó, acompañando a mi Madre.

Y le dio la gracia, y le dio el valor, al más pequeño de entre todos. 

Que pudo soportarlo todo, porque era el que me tenía más amor.

Necesario era su ejemplo.

Necesario era que a mi Madre, como madre recibiera, para toda la Iglesia.

Necesario es el ejemplo de Juan, el discípulo amado, también en estos tiempos.

En los que muchos de mis amigos me han traicionado, me han abandonado, se han ido.

Asustados y con miedo se han escondido.