10/02/2026

Jn 21, 15-19 - Testimonio de Amor

TESTIMONIO DE AMOR

 

«Le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?» (Jn 21, 15).


 

Amigo mío:

Qué alegría celebrar la Pascua contigo.

Qué alegría hacerte partícipe de mi gloria.

Qué alegría escuchar de tus labios que me amas.

Tú ya sabes que yo te amo.

No porque te lo digo, sino porque te lo he demostrado dando mi vida por ti.

Y eso mismo es lo que yo a ti te pido.

Demuéstrame que me amas con tus obras.

Con tus frutos, que son mis ovejas santas…

Apacentadas…

Bien pastoreadas…

Guiadas…

Reunidas en un solo rebaño, con un solo pastor.

Que permanezcan reunidas con mi Madre en oración.

Eso es lo que te pido yo.

Esperando la venida del Espíritu Santo.

Para que derrame sobre ellas su don.

 

Yo te elegí como pastor de mi rebaño.

Te llamé para que me siguieras.

Y por mí tu vida dieras.

Qué alegría que aún, después de tanto tiempo, aún permanezcas bien dispuesto para servirme.

Para demostrarme que me amas.

Me alegra encontrarte tan ocupado.

Haciendo mis obras.

Reuniendo, pastoreando y apacentando a mi rebaño.

Pero, aunque cumples con tu deber, y me demuestras con tus obras que eres fiel, cuánto me alegraría que me digas que me amas, aunque sea una vez al día.

Deseo escuchar esa palabra de tu boca: “amor”.

Y deseo que esa palabra te llene, y en ti se manifieste para el mundo.

 

¿Por qué es tan difícil para un hombre decir estas palabras tan sencillas, pero tan eficientes, tan comprometidas: “te amo, Señor, te amo”?

Es más fácil hablar de sufrimientos, de problemas, de desgracias, de críticas, de asuntos del mundo…, que del amor de Dios.

El sacerdote tiene el deber de hablar de amor, para apacentar a las ovejas de su rebaño.

Pero hablan de guerras, de política, de pecados…

Centran sus homilías en hablar de las cosas ordinarias del mundo o de filosofía…

Hablan de tantas cosas en el ambón…

Pero se olvidan de hablar de amor.

Si predicaran el amor…

Si profesaran mi Palabra desde lo más profundo del corazón…

Qué atractivo sería escucharlos.

Darían paz y esperanza.

Seguridad y confianza.

A sus fieles abrazarían.

A todas las almas.

Con un corazón enamorado como el mío.

Para mostrarles la belleza de mi Paraíso.

 

Si mis sacerdotes hablaran de amor conquistarían a las almas para mí.

No basta hablar de cómo ser buenos.

O de explicar el Evangelio con palabras rebuscadas…

O diciendo chistes para llamar la atención…

Hay algunos que solo regañan.

Pero son tan pocos los que tienen el valor de expresar lo que llevan dentro, de abrir sus almas, de gritarle al mundo que me ame…

Y eso es lo que te pido yo.

Eso es lo que necesita escuchar mi pueblo.

Tu testimonio de amor por mí…

Por tus ovejas, que son mías.

Por los pastores, que son tus hermanos.

Por María, mi Madre y tu Madre.

Por los ángeles y los santos.

Por lo que es divino, celestial, espiritual…

 

Yo te envío a predicar el amor de Dios por los hombres.

Y a dar testimonio de tu amor por Dios.

Dile al mundo que me amas.

Dime a mí que me amas.

Ten el valor de reconocerme ante los hombres.

Y de reconocerte a ti mismo… como un loco enamorado del Hijo de Dios.