26. PRESENCIA VIVA
«Jesús le dijo: “¿Quieres curarte?” (…) “Levántate, toma tu camilla y anda”» (Jn 5, 6.8).
Amigo mío:
No te preocupes.
Estoy aquí.
He venido por ti.
Si tú no tienes fuerzas para levantarte y venir a mí, solo abre tu corazón y recíbeme.
Estoy aquí.
Si estás cansado…
Si estás enfermo…
Si estás angustiado…
Si te has debilitado…
Si estás avergonzado por tu pecado…
Si te sientes derrotado, en medio de la soledad de tu desierto…
Si sientes que todos te han abandonado…
Si estás herido y nadie te ha ayudado…
Si todas las puertas que has tocado se han cerrado…
No te preocupes.
Estoy aquí.
Jamás me he ido.
Tal vez mi silencio te ha convencido de que no eres digno de mí, y has sentido la amargura de tu alma de vivir sin mí.
Pero te aseguro: no te he abandonado, estoy aquí.
Amándote.
Llenándome de ternura hasta las entrañas, al ver tu corazón contrito y humillado, que suplica un signo de mi presencia viva, pidiendo perdón.
Yo estoy aquí en Cuerpo, en Alma, en Sangre, en Divinidad, en presencia viva.
Yo soy Eucaristía.
Aliméntate de mí.
Y sumérgete con mi gracia y mi auxilio en el mar infinito de mi misericordia.
Yo estoy aquí.
Tú, vuelve a mí.
Para que seamos uno, solo te pido que no dudes de mí.
ESTOY AQUÍ.
