DISIPAR EL MIEDO
«Vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no tengan miedo”» (Jn 6, 19-20).
Amigo mío:
Aquí estoy.
Nunca tengas miedo.
Yo Soy.
Reconoce mi presencia: Yo Soy.
En medio de la calma…
Del silencio…
De la oración…
Y de la luz…
Yo Soy.
En medio de la tempestad…
Del mar…
De olas encrespadas…
De vientos fuertes…
De dificultades…
De tribulación…
De miedos y dudas…
Y de oscuridad…
TEN LA SEGURIDAD de que junto a ti estoy.
Esta es mi Pascua de Resurrección.
Yo Soy el mismo ayer, hoy y siempre.
En la salud y en la enfermedad…
En tiempos de bonanza y de escasez…
En tiempos de seguridades…
Y en tiempos de prueba…
Presente estoy.
Por tanto, disipar el miedo y vivir en la alegría de mi paz, depende de ti.
Si tú confías en mí sabrás que yo jamás te abandono.
Contigo estoy todos los días de tu vida.
Antes de que algo me pidas, yo ya sé lo que necesitas.
Me anticipo, acudiendo en tu ayuda.
AQUÍ ESTOY YO PARA SALVARTE.
Si algún día te acecha la tentación del miedo, de la turbación, de la duda…
Si es probada tu fe…
Confía.
Pasará.
Tan solo soportarlo todo TE FORTALECERÁ.
Y, si las pruebas que has superado ya, han sido suficientes, solo Dios lo sabe.
Pero ALÉGRATE.
Estás conmigo, y yo estoy contigo.
¿Qué puede pasarte que no lo quiera yo?
Todo lo que yo permita será para santificarte.
Puedo permitir que seas probado.
Triturado en las fauces de las fieras.
Ese día te ayudaré a superar la prueba.
Después serás purificado, como el oro en crisol.
Para que te mantengas en una sola pieza.
Y seas el orgullo de mi Corazón.
Vive cada día un martirio de amor entregándome tu vida.
Recuerda que lo que nadie ve, sí lo veo yo.
Te animo a que perseveres confiando en mí.
Yo no te dejaré.
Contigo estaré siempre.
Te hago esa promesa.
Yo deseo que los vientos fuertes sean brisa en calma para ti.
Que mi alegría te colme, para que hables al mundo sobre mí, y des testimonio de lo que has visto y de lo que has oído.
Si estás conmigo, ¿quién contra ti?
Vive en la alegría de mi resurrección.
No estoy muerto, estoy vivo.
Y tú vivirás eternamente conmigo.
Yo te cuido y te protejo, como lo hace un padre a un hijo.
Te acompaño.
Y disfruto estar contigo, como lo hace un buen amigo.
No tengas miedo a la vida sobrenatural.
Yo no soy un fantasma.
Soy un hombre como tú.
De carne y hueso.
Yo Soy.
Tú eres uno conmigo, sacerdote de mi Corazón.
Desecha los miedos que te estorban.
Rechaza todo pensamiento impertinente.
Y toda preocupación.
No me ofendas con tus dudas.
Si quieres verdaderamente alegrar mi Corazón, vive libre, sé feliz, cree, y repite conmigo: YO SOY CRISTO VIVO.
Somos uno tú y yo.
