09/02/2026

Jn 6, 35 - Pan vivo del cielo

PAN VIVO DEL CIELO

 

«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed» (Jn 6, 35).


 

Amigo mío:

Esta es mi Pascua: estar contigo.

Yo soy el Cristo que pasa en medio de los hombres.

Por ti, contigo, en ti…

Para llevarles mi misericordia.

Yo soy pan del Cielo, que les da mi Padre para la vida del mundo.

Pero no se los da de las manos de Moisés, sino con la colaboración de mis sacerdotes.

Tú tienes el poder en tus manos y en tu voluntad, para hacer bajar el pan vivo del Cielo.

Poder que yo te di, PORQUE YO TE ELEGÍ.

No porque lo hayas merecido.

Sino porque yo lo quise así.

Yo soy quien te elegí.

Y tú dijiste: “sí”.

Porque me amas.

Pero yo te digo, amigo mío, que tú me amas PORQUE YO TE AMÉ PRIMERO.

Yo, en el pensamiento de Dios, te pensé, desde siempre y para siempre, como mío, de mi propiedad.

PARA SER UNO CONMIGO.

Para ser el mismo Cristo.

Configurándote, en cuerpo y en alma, conmigo.

Y seamos uno, para que tú seas conmigo pan de vida, y alimentes al mundo con mi Cuerpo y con mi Sangre, para que nunca más tengan sed, y nunca más tengan hambre.

Para que tengan vida eterna.

Y contigo y conmigo glorifiquen al Padre.

Considera, sacerdote, que Dios todopoderoso ha querido depender de ti, de tu disposición, de tu voluntad, de tus obras, para alimentar a sus hijos.

Quiere tu colaboración para hacer su obra.

La obra de Dios es que crean en mí.

Y te dio el don para predicar y dar testimonio de mí.

Para que me conozcan.

Y si no creen por la fe, crean por las obras.

Pero Dios, que conoce todo de ti…

Que conoce tu corazón…

Tus virtudes…

Tus debilidades…

Tus vicios…

Tus pecados…

No se fía de tu fe.

Que no es ni siquiera del tamaño de una semilla de mostaza.

Aunque no creas…

Aunque no puedas el misterio eucarístico comprender…

Aunque no creas que tú eres conmigo uno, el mismo Cristo…

Ni siquiera cuando dices: “este es mi Cuerpo… esta es mi Sangre…”.

Aun así, el milagro sucede.

Yo me hago presente.

Para alimentar a todo aquel que venga a mí.

Grande es la sabiduría de Dios.

Grandes son sus maravillas.

Yo ruego por ti para que abras tus ojos y tu corazón…

Y tengas el valor y la humildad… de pedir la fe que te falta.

Ahí tienes a mi Madre.

A la derecha está la Reina.

Siempre junto a ti, en el altar.

Y si crees que ella te acompaña, entonces creerás que yo estoy aquí, porque ella siempre está junto a mí.

Cuando eleves el pan de vida entre tus manos, pídele a María que te dé sus ojos para que puedas mirarme, y te alegres al darte cuenta de que SOY YO quien te mira a ti.