LA VOLUNTAD DEL PADRE
«La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día» (Jn 6, 40).
Amigo mío:
Yo te llamo para que cenes conmigo, alimentándote de mí.
Para que no tengas hambre y no tengas sed.
Yo soy el pan de vida.
Come y dale a mi pueblo de comer.
Mira que tienen hambre.
Mira que tienen sed.
Celebra la Pascua conmigo.
Pero invítalos a ellos también.
Yo he venido al mundo para hacer la voluntad de mi Padre.
Mi voluntad es la voluntad de mi Padre.
Él me envió.
Y así, yo a ti te envío.
Tú haz lo mismo que hice yo.
Acepta la voluntad de Dios.
Entrégale tu voluntad a Dios.
Que mi voluntad, que es la voluntad de mi Padre, sea también tu voluntad.
Entonces, seremos uno tú y yo.
Pero si tú quieres hacer lo que a ti te complace, y no buscas complacer a mi Padre, entonces no estás conmigo.
No haces mi voluntad cuando no haces lo que te digo.
Tú haces bajar el pan vivo del Cielo.
Si estás en gracia, te aprovecha, te santifica, te sacia.
Pero, si estás alejado de mí porque has pecado gravemente contra mí, no solo no te aprovecha, sino que te condena.
La voluntad de mi Padre y mi voluntad es que te salves.
Que creas en mí.
Que permanezcas conmigo.
Que tu corazón no esté lejos de mí.
Que hagas lo que yo te digo, para que tengas parte conmigo en la vida eterna en mi Paraíso.
Yo te he llamado para que creas en mí y seas salvado.
Pero te he elegido para que participes conmigo de mi misión.
Para que me ayudes a cuidar, proteger, dirigir, enseñar y santificar a mi rebaño.
Para que no se pierda nada de lo que es mío.
Para que no se pierda ninguno de los que mi Padre me ha dado.
Yo cuento contigo para que se cumpla la voluntad de mi Padre que está en el Cielo.
Tienes una gran responsabilidad.
Has entregado tu vida para servirme.
Pero no te exijo que cumplas con tu deber como siervo.
Yo no te condeno.
Si no quieres hacer esto que te pido, tú tienes libertad.
Solo recuerda que yo te ofrezco mi amistad.
Yo no te llamo siervo, yo te llamo amigo.
Estoy aquí, invitándote a vivir conmigo UNA MARAVILLOSA AVENTURA.
De ti depende querer.
De ti depende creer.
Yo ya te he dado la fe.
La invitación está hecha.
Y esto, a lo que tú te dedicas, entregándole tu vida a Dios, es un Paraíso adelantado, aunque sea un camino de cruz.
Es un camino que yo ya he andado.
Y tiene un solo destino: UNA ETERNA FIESTA, con tu amigo que nunca te abandona.
Que te da la vida eterna.
Porque todo, absolutamente todo, si tú te arrepientes, te perdona.
No vengas solo.
Llena de almas la fiesta.
El banquete está servido.
Siéntate a la mesa, y cena conmigo.
