09/02/2026

Jn 6, 54 - Dar vida al pueblo

DAR VIDA AL PUEBLO

 

«El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día» (Jn 6, 54).


 

Amigo mío:

Mírame, estoy vivo, estoy aquí.

Mírame cómo descanso en tus manos.

No soy ese trozo de pan inerte que ven tus ojos.

Yo Soy.

Pudiera yo mismo volar, y a mi pueblo alimentar.

Pero yo quiero entregarme en tus manos y depender de tu buena voluntad.

Quiero dejarme llevar por ti.

Quiero que tengas fe, y que tu fe confirme en la fe a mi pueblo.

Quiero que crean en mi Palabra.

Y, aunque sus ojos vean, con una visión ordinaria, tan solo un trozo de pan, la fe les dé visión extraordinaria, para creer que todo un Dios se contiene en eso que parece un trozo de pan, que es mi Carne y es mi Sangre, para alimentarlos y darles vida.

Si yo les hubiera dado un cordero asado para cenar, ¿creerían que esa carne los alimenta?

Pues yo te digo que yo soy el Cordero de Dios, y mi Carne los alimenta.

 

Es más sencillo darles pan y vino; y ustedes, mis sacerdotes, con mi poder, lo transformen en mí.

Y con esa forma tan amable del pan alimenten a mi pueblo, para que tengan vida espiritual.

El que coma mi Carne y beba mi Sangre permanece conmigo.

Así de simple es.

No es una teoría.

No es una ilusión.

Yo Soy.

 

Cuánto deseo que los incrédulos se conviertan y crean.

Especialmente aquellos elegidos míos que ejercen sus ministerios CON SUS CORAZONES TIBIOS y a veces fríos.

ME TRATAN EN EL ALTAR COMO UN OBJETO.

Como un trozo de pan salido del horno.

Como algo ordinario.

Como si fuera tan solo un signo.

Y no Dios vivo.

Someten mi Palabra a su propio juicio.

Y deciden creer en su propia verdad.

Apenas hacen un gesto de reverencia.

Y el pueblo ve, en su descuido, la falta de fe.

Los fieles que tienen una fe grande rezan por ellos, y hacen bien.

Los que tienen dudas acrecientan sus dudas.

¿Cómo van a creer si en el sacerdote celebrante no creen?

Y luego vienen a él y reciben el alimento que les ofrece.

Y yo me pregunto: ¿para qué?

¿Qué sentido tiene recibir un pan que alimenta el cuerpo en medio de un sagrado rito?

Ni siquiera tienen hambre.

Algunos comulgan en pecado grave.

No sienten culpa alguna, porque no creen en aquello que sus ojos no ven.

Y, sin embargo, Yo Soy.

HOMBRES DE POCA FE, ¿HASTA CUÁNDO TENDRÉ QUE SOPORTARLOS?

¿HASTA CUÁNDO?

 

Tú, que crees, adórame.

Trátame con reverencia.

Elévame entre tus manos con dignidad, con cuidado, con admiración.

TIENES A DIOS ENTRE TUS MANOS.

El Todopoderoso.

Que con una Palabra podría desaparecerte, quitarte la vida.

O alimentarte y darte vida para siempre.

Cuánta alegría siente mi corazón cuando me tratas en el altar del mismo modo que se trata a la persona más amada y admirada.

Recuerda que Yo Soy cuando tú dices: “Este es mi Cuerpo… Esta es mi Sangre…”.

Del Cielo bajo yo.

Estoy frente a ti cara a cara.

Yo Soy, y mi deseo es donarme todo.

Que me hagas tuyo.

Alimentándote de mí.

Para que seamos uno.

Yo en ti y tú en mí.

Para darte las gracias que te traigo como regalos.

 

Realmente mi Cuerpo vibra de amor por ti.

Deseo transformarte en mí.

Deseo darte vida eterna.

No eres tú quien celebra la Santa Misa.

Por tu cuenta el Cielo entero participa.

Es una fiesta.

Los fieles participan como invitados de honor.

Y tú no eres el anfitrión.

Date cuenta, de una vez: TÚ ERES EL BANQUETE.

Estás configurado con el Cordero de Dios.

Entrégate conmigo.

Cree que en cada Eucaristía somos uno tú y yo.

Si crees esto, entonces, dale a mi pueblo la vida.

Aliméntalos de mi Palabra y de la Eucaristía.