09/02/2026

Jn 6, 63-64 - El mismo Cristo

EL MISMO CRISTO

 

«Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen» (Jn 6, 63-64).


 

Amigo mío:

Tú eres Cordero Pascual.

Tú tienes palabras de vida eterna.

Tú eres Cristo vivo en medio del mundo.

¿Te escandalizan estas palabras?

Créelo. Porque yo te lo digo.

Tú estás configurado sacramentalmente conmigo.

Quien te ve a ti me ve a mí.

Quien me ve a mí ve al Padre del cielo, que me ha enviado.

Mis palabras son verdad.

Son Espíritu y Vida.

Yo soy la Verdad.

Yo soy la Vida.

¿Tú crees?

Sabes que yo tengo palabras de vida eterna.

Sabes que yo soy el Santo de Dios.

Hasta los poros de tu piel transpiran mi verdad.

Porque eres fiel.

 

Pero algunos sacerdotes no creen.

Tienen miedo de aceptar la gran responsabilidad que implica decir la verdad, que es que el sacerdote es el mismo Cristo.

Que ellos son el mismo Cristo.

Como tú dices que eres el mismo Cristo, te comprometes a comportarte de acuerdo a esa dignidad.

De ellos requiero su entrega total.

Y no solo en el altar.

Porque ¿acaso puede dividirse en dos una misma persona?

¿Cómo pueden ser Cristo en el altar, y decir: “esta es mi Carne, esta es mi Sangre”, revestidos de verdad, y después bajar del altar y comportarse como un hombre cualquiera, tener una doble vida, pretendiendo ser un simple pecador QUE TRABAJA PROFESIONALMENTE REPRESENTANDO A CRISTO BUEN PASTOR?

Eso sí escandaliza a la gente.

Y lastima mi Sagrado Corazón.

Yo exijo que sean valientes y acepten su condición.

Son el mismo Cristo, ayer, hoy y siempre.

Porque antes de nacer los elegí yo, y fueron ordenados, con la gracia del Espíritu Santo, sacerdotes para la eternidad.

 

Ustedes, mis sacerdotes, son ministros ordinarios de la Eucaristía.

Son, configurados conmigo, Eucaristía.

Y su vida es una constante acción de gracias a Dios, que me los dio, para que, por mí, conmigo y en mí, vayan a Él, y lleven con ustedes a su pueblo, a través de la predicación de mi Palabra.

Que son palabras de vida eterna, que salen de la boca DEL SANTO DE DIOS.