YO SOY
«Yo les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy» (Jn 8, 31).
Amigo mío:
Tú me conoces.
Sabes que Yo Soy.
No tienes duda de que yo soy el Hijo de Dios, que te ha llamado para servirme.
Yo soy la Palabra de Dios.
El Verbo hecho carne.
He venido al mundo, y el mundo no me ha recibido.
En mí no han creído.
Me han insultado.
Me han herido.
Me han crucificado.
Puedes imaginar cuánto mi Corazón ha sufrido cuando me han llamado “endemoniado”.
Cómo sentirías hervir tu sangre de ira, de coraje, de enojo, de celo apostólico si te dijeran a ti lo mismo, cuando tú buscas la santidad, luchas por vivir las virtudes, para servir a Cristo.
Pues yo te digo, amigo mío, que el demonio sobre mí no tiene ningún poder.
Pero a ti te puede someter, cuando me traicionas y eres infiel.
Y eso me duele más que todas las blasfemias del mundo.
Yo te he elegido para que seas mi siervo, pero te he llamado amigo.
Y exijo tu fidelidad a mi amistad.
Debes ser un siervo fiel y leal a tu Señor.
Un amigo sincero, digno de confianza.
Y lo eres.
Conozco tu corazón.
A veces haces el mal que no quieres, y no todo el bien que quieres.
Pero luchas por agradarme.
Pides perdón y sigues adelante.
Jamás me traicionarás, porque sé que no quieres traicionarme.
Porque sé que me amas.
Pero deseo que, en este tiempo de penitencia y de conversión, seas consciente de tu condición humana.
De tu debilidad.
De tu capacidad de amar.
Pero también de traicionar.
Cuida tu virtud.
Cuida tu integridad.
Cumple con tus normas de piedad.
Ama con el amor del Corazón con el que estás configurado.
Y jamás me sentiré de ti decepcionado.
Persevera en la fidelidad a mi amistad.
Y yo, que permanezco siempre fiel y cumplo mis promesas, te reconoceré enfrente de mi Padre que está en el cielo.
No le diré lo que has hecho o lo que has dejado de hacer.
Tan solo te señalaré al corazón y le diré a mi Padre: “Yo Soy”.
