28/01/2026

Jn 10, 31-42 - El dolor de María

EL DOLOR DE MARÍA

 

«¡Oh ustedes, cuantos pasan por el camino: miren y vean si hay dolor como mi dolor!» (Lam 1, 12).

 

 

Amigo mío:

Yo fui condenado a muerte por hombres alabados e incrédulos, que se confabularon contra mí.

Acusándome de blasfemar contra mí mismo.

Acusándome de mentir…, cuando yo soy la Verdad, y no me contradigo.

Pero en algo tenían razón: convenía que muriera un solo hombre para congregar a todos los hijos de Dios.

Esa era la voluntad de mi Padre.

Y aquí estoy, hablando contigo, de corazón a corazón, desde mi cruz.

Mírame.

Compadece mis sufrimientos.

Participa de este mismo sacrificio.

Y sufre lo mismo que yo, mirando a mi Madre al pie de esta cruz.

Las culpas del mundo las asumí yo.

Y ella… ¿cuál es su culpa?

Sufre tanto como yo.

Mira la inocencia, la pureza, la belleza de su corazón.

Contempla su dolor.

Su alma está traspasada por una espada de dolor.

Permanece en silencio, sosteniéndome con su oración.

Y lo mismo hace por ti.

Y por cada uno de sus hijos, los hijos de Dios.

Contempla en ella las virtudes heroicas de los santos.

Contempla las lágrimas de sus ojos, y dime: ¿ella merece tanto sufrimiento, tanto dolor?

Pues yo te digo que, por los méritos de su doloroso corazón, yo le concederé todo lo que me pida.

Mi Padre atenderá sus súplicas en esta misma promesa, porque Él vive en mí y yo vivo en Él.

Lo que yo digo no lo digo por mi cuenta.

Lo dice Él.

Acude a mi Madre, y pídele lo que necesitas para cumplir con tu misión, y perseverar al pie de esta cruz, con fidelidad, recibiendo la misericordia de Dios, para administrarla y congregar en mi nombre a todos los hijos de Dios y de la Madre de Dios.