PASTORA DE PASTORES
«El lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas» (Jn 10, 12-13).
Amigo mío:
Yo soy el Buen Pastor.
Mis ovejas confían en mí.
Yo las conozco y ellas me conocen a mí.
Y tú eres pastor también.
Configurado conmigo.
Tus ovejas no son tuyas, son mías.
No te siguen a ti, me siguen a mí.
Porque es por mí que van al Padre.
Pero es por ti que vienen a mí.
Yo he querido necesitarte.
Y estoy aquí agradecido contigo.
Por tantas ovejas que has atraído hacia mí.
Persevera en tu camino.
Trabaja arduamente para mí.
Pero no solo busques a las ovejas perdidas.
Algo más difícil necesito de ti.
En estos tiempos algunas ovejas caminan perdidas, sin pastor.
No solo porque hay pocos pastores, sino porque, dentro de esos pocos, algunos se comportan como lobos.
Las ovejas desconfían de ellos.
Ya no los quieren seguir.
En ellos no me ven a mí.
El significado del sacerdocio se ha desvirtuado.
Porque algunos han cometido graves pecados, y a las ovejas de sus propios rebaños han lastimado.
¿Cómo vendrán a mí?
Yo soy la puerta de las ovejas.
Yo soy la seguridad de mi rebaño.
Yo soy quien las alimenta.
Quien las salva y les da vida eterna.
Y algunos de mis pastores infunden miedo, dolor, inseguridad en sus corazones.
Y las alejan de mí.
Ahora no solo hay que pastorear ovejas, sino también pastores.
Y para eso no hay nadie más eficaz que mi Madre.
Ella viene a llamar a mis pastores.
Pero para ella son sus pequeños corderos.
Ella es pastora de pastores.
Pastores que son corderos como yo.
Ella viene a traerles su auxilio y su compañía.
Viene a mostrarles el camino a los que se han perdido.
A abrazar y a traer a mí a los que se han alejado de mí.
Tú, con tu buen ejemplo, llama a mis pastores con mi Palabra.
Acompaña a mi Madre.
Reúnelos en torno a ella, para que ella los traiga a mí.
Tú solo no podrás traer a todas las ovejas.
Necesitas a los pastores.
Y que las ovejas sean dóciles.
Y no lo harás tú solo.
Yo obraré por ti.
Busca tu propia santificación.
Crece en virtud.
Permanece reunido con mi Madre en oración.
Y déjame actuar.
Ábreme tu corazón.
En este Tiempo Pascual a mis pastores he venido a buscar.
A ti ya te he encontrado.
Ven, sígueme, vamos a buscar a tus hermanos.
No voy a perder lo que mi Padre me ha dado.
Que ninguno se sienta por mí defraudado.
Que nadie diga que su Señor, su Amo, su Pastor, su Amigo, su Hermano, lo ha abandonado.
Estoy aquí para derramar mi misericordia sobre ustedes, sacerdotes míos, pastores de mi rebaño…
PORQUE LOS AMO.
