PUERTA DE LAS OVEJAS
«Yo soy la puerta de las ovejas; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 9-10).
Amigo mío:
Yo soy la puerta de las ovejas.
Y tú, configurado conmigo, eres puerta de las ovejas.
Esa puerta estaba cerrada.
Y mi Padre, tanto ama a las ovejas, que me envió para abrir la puerta con mi sacrificio en la cruz.
Por tanto, la puerta de las ovejas es de cruz.
Y tú eres quien hace entrar a las ovejas por la puerta, que, aunque esté abierta, y es para todos, no todos la encuentran.
Tú eres pastor para guiar a las ovejas.
Y las guías predicando mi Palabra.
Ellas escuchan tu voz y te siguen.
Pero no basta escuchar la voz del pastor y seguirla.
El pastor debe ser un buen pastor, que haya entrado por esta puerta, y los conduzca a través de los sacramentos, fruto de la cruz.
Pero no todos los pastores son buenos.
No todos entran por la puerta.
Pretenden brincarse la cerca.
Y actúan como lobos, y se comen a las ovejas.
Conduciéndolas al camino de la muerte.
Y algunos pastores son como asalariados, que no les importan las ovejas.
Porque no aceptan como suyos a mis rebaños.
Y no aceptan su configuración con el único Buen Pastor.
Yo soy el dueño de las ovejas.
Yo las conozco.
Ellas escuchan mi voz y me siguen.
Si tus ovejas, que son mías, te conocen, te escuchan, te siguen, porque tú las conoces y las guías, las procuras y las tratas como tuyas, porque son mías, entonces puedes considerarte un buen pastor, y tener la certeza de que entrarán por esta puerta, siguiendo a su pastor.
Esta puerta conduce al Paraíso.
¿A dónde más podrías guiarlas, si permaneces conmigo, como yo permanezco contigo?
Pero si tú no les llamas o las haces entrar por esta puerta, ¿cómo serán contadas entre las ovejas de mi rebaño?
Si tú no predicas mi Palabra, no perdonas sus pecados, no las alimentas con el pan vivo bajado del Cielo, ¿quién las guiará?
¿Quién las hará entrar?
¿Quién las traerá a mí?
Yo te doy la libertad y el poder para hacerlos entrar por esta puerta y PARA CERRARLES LA PUERTA.
Yo te doy la libertad para que tú entres por esta puerta, 0 para que te quedes afuera.
¿Qué harás?
Yo te envío a reunir a mis rebaños en un solo rebaño y con un solo pastor.
Tráelas a mí.
Son mías, porque mi Padre me las dio.
Y yo no quiero perder nada de lo que mi Padre me dio.
Yo confío en ti, y en que tú has entrado ya por esta puerta, y permanecerás aquí, siendo puerta abierta, manteniendo las puertas de la Iglesia abiertas para todo aquel que quiera venir.
Hasta la oveja más enferma, más perdida, más pecadora merece venir, no por sus méritos, que no tiene, SINO PORQUE YO SE LO HE MERECIDO, por mis méritos en la cruz.
Y eso no debes juzgarlo ni decidirlo tú, son mías.
Ve a buscarlas.
Acércate, para que te conozcan, y no seas un extraño, sino un amigo.
Para que vean en ti al Amor, al mismo Cristo que murió por ellos y por ti.
Y confíen en ti, y te sigan.
Y confiesen sus pecados y les sean perdonados.
Y el Cielo entero se alegre por cada pecador que se convierte por ti.
Que mi Madre, Pastora de pastores, guíe por el camino de la santidad a todos mis sacerdotes, y el Espíritu Santo ilumine su camino, PARA QUE SEAN PUERTA DE LAS OVEJAS CONMIGO.
