CONOCER LA VERDAD
«Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto» (Jn 14, 7).
Amigo mío:
Tú sabes quién soy.
Soy el Cordero Pascual.
Que ha sido sacrificado para el perdón de tus pecados, y de los pecados de toda la humanidad.
Tú sabes que yo soy el Hijo de Dios.
Y que yo te he enviado para que hagas mis obras, y aún mayores.
Tú crees en mí.
Pero yo te pregunto, amigo mío: ¿en verdad me conoces?
¿Cuánto trato tienes conmigo?
¿Qué tanto escuchas y meditas mi Palabra?
¿Cuánto conoces de Liturgia?
¿Qué tan rica es tu vida espiritual?
¿Conoces los sentimientos de mi Corazón?
¿Conoces mis pensamientos?
¿Qué tan parecidos somos tú y yo?
Yo a ti sí te conozco.
Te miro todos los días.
Sé todo de ti.
Mi Palabra discierne tus pensamientos, y las intenciones de tu corazón.
Te atraviesa como espada de dos filos.
Y te expone ante mí, de manera que no hay nada en ti oculto para mí.
Sé cuándo estás triste.
Cuándo estás alegre.
Cuándo estás sufriendo.
Cuándo estás contento.
Sé a quién amas y a quién no amas.
Y también sé cuánto me amas.
Conozco los deseos de tu corazón.
Y cada uno de tus pensamientos.
Tu conciencia está expuesta ante mis ojos.
Sé cuándo has pecado.
Y cuándo te arrepientes.
Y yo estoy contigo todos los días de tu vida.
Pero tú a mí aún no me conoces.
Si me conocieras, celebrarías la Pascua conmigo todos los días.
Te alegrarías de dar tu vida por mí.
Porque comprenderías todo lo que yo he hecho por ti.
Sabrías cuánto dolor me causas.
Incluso el más pequeño e insignificante de tus pecados.
Y sabrías cuánto me alegro cuando acudes a confesarlos.
Sabrías que todos los días te espero con ansia.
Para escucharte.
Para aconsejarte.
Para hablar contigo de amigo a amigo.
Sabrías la gloria que le doy a mi Padre cada vez que me entregas al pueblo en la Eucaristía.
Si me conocieras de verdad, en la hostia consagrada me verías.
Y verías a mi Padre, porque también a Él lo conocerías.
Pero este no es un reproche, sino una invitación.
Yo vengo a ofrecerte mi amistad.
A abrirte mi Corazón de par en par.
Para que entres y penetres en las profundidades de mi misericordioso amor.
Y entonces me conozcas.
Y desees ser como yo.
Si tú tuvieras mis mismos sentimientos, comprenderías cuánto arde de amor mi Corazón, para hacer mis obras, para glorificar a mi Padre.
No pierdas la oportunidad que yo te doy de llegar al conocimiento pleno de la verdad.
