DEJAR OBRAR AL ESPÍRITU SANTO
«Yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad» (Jn 14, 16).
Amigo mío:
Estoy aquí para manifestarme a ti.
Y yo me manifiesto amando hasta el extremo.
No hay nada que tú necesites y que yo no pueda darte.
Lo que tú necesitas yo ya lo sé desde antes de que me lo pidas.
Lo que tú necesitas es al Santo Paráclito.
Para que te llene del don de Dios.
Nada más necesitas para permanecer en mi amor.
Yo vivo en ti.
Estoy contigo todos los días de tu vida, como te lo prometí.
Pero si un día no puedes verme, o no puedes escucharme, no dudes. Estoy aquí.
Busca la manifestación de mi amor en ti.
Búscame dentro de ti y encontrarás.
Pero pide al Espíritu Santo que te recuerde que yo estoy aquí.
A Él no lo ves, no lo escuchas, pero sabes que está presente.
Sin Él no tendrías paz ni alegría.
Te perderías.
No sabrías a dónde ir.
¿Cómo encontrarías el camino si Él es tu guía?
Él es quien te enseña y te recuerda todas las cosas.
Necesitas de su auxilio para permanecer en mí.
Nada puedes sin Él.
Tu configuración conmigo es obra de Él.
La humanidad de Dios es obra de Él.
El Paráclito que mi Padre ha enviado al mundo escuchó mis ruegos.
Vive en el mundo.
Ha hecho morada en ti.
Permanece en el mundo.
Él es quien anima a tu alma.
Quien te da vida.
Quien te inspira y te mueve para obrar en mi nombre.
Él es quien orienta tus pensamientos y tus acciones hacia el bien.
El Espíritu Santo es Dios todopoderoso.
Es la Persona que está a tu lado para acompañarte, para asistirte, para darte lo que necesitas para que no te alejes de mí.
¿Cómo podría alguien venir a mí si el Padre no lo atrae hacia mí por obra de su Santo Espíritu?
Tú me dices que me amas.
Pronuncias muchas veces mi nombre.
Me alabas.
Me adoras.
Sabes que yo te llevaré a mi Padre.
Sabes que yo te elegí.
Agradeces poder servirme.
Y deseas parecerte a mí.
Yo te pregunto, amigo mío: ¿consideras en cada momento de tu vida en el que piensas en mí, al Espíritu Santo?
Si quieres agradarme procúralo más.
A mí me crucificaste.
Yo lo permití.
A mí puedes faltarme.
Aquí estoy para perdonarte.
A mí puedes olvidarme.
Que yo no te abandonaré.
A mí puedes insultarme.
Y todo lo soportaré.
Pero faltas contra el Espíritu Santo NO TOLERARÉ.
Y la falta más común, entre los hombres, es el trato indiferente que tienen con Dios al olvidarse de Él.
Muchas veces los hombres no son conscientes de quién es el Paráclito.
No lo invocan.
No lo procuran.
No hablan con Él.
No son dóciles a su gracia.
No lo tratan como la Persona sagrada que es.
Él es deidad.
Mi Padre y yo somos deidad.
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno.
Quien no aceptara su gracia cometería el más grave pecado contra el Padre y contra mí.
No se trata solamente de pedirle que traiga recuerdos y sabiduría a tu mente.
SE TRATA DE ABRIRLE TU ALMA, Y DEJARLO QUE TE POSEA TODO.
PARA QUE SEAS TODO MÍO.
De ahora en adelante yo espero que no busques fuera lo que llevas dentro.
No tengas miedo de entregarte todo a Dios para ser transformado por el Espíritu de la verdad.
EN LA ÚNICA VERDAD QUE YO SOY.
Ten la seguridad de que los dones que tú pidas al Espíritu Santo te los dará.
Si tú quieres ser un hombre santo empieza por comprender que, si tú dejas obrar al Espíritu en ti, tu espíritu será santo, porque el Espíritu Santo será en ti, y no puede haber, en una persona, dos espíritus, sino uno.
Entonces, serás uno conmigo.
Un solo cuerpo, UN MISMO ESPÍRITU.
