DESPRECIADOS DEL MUNDO
«Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo» (Jn 15, 19).
Amigo mío:
Tú no eres del mundo.
Como yo tampoco soy del mundo.
Tú eres mi elegido.
Yo te separé del mundo cuando te elegí.
Porque fuiste consagrado desde antes de nacer, para mí.
Entonces, ¿por qué, en lugar de celebrar la Pascua conmigo, y de alegrarte de ser por mi causa perseguido, buscas en el mundo lo que no es tuyo?
¿Por qué tienes miedo?
¿Por qué te escondes de mí?
¿Crees acaso que puedes evitar tu sufrimiento y tu cruz, perdiéndote en medio de la gente perversa, que te convence y te pervierte, invitándote a fiestas y borracheras?
¿Crees que vas a ser feliz alejándote de mí?
Pues yo te digo: abre los ojos y date cuenta de que en el mundo no encontrarás amigos, porque, aunque te comportes como aquellos que son del mundo, tú no perteneces ahí, y serás perseguido por mi causa.
Tan solo porque es a mí a quien representas, aunque vivas en pecado.
Llevas en tu alma el sello que te fue impuesto en tu ordenación sacerdotal.
Ese nadie lo puede borrar.
Tú eres sacerdote para la eternidad.
No esperes que el mundo te alabe, te acepte, te ame.
Porque tu alegría está en el rechazo y la persecución de aquellos que necesitan conversión.
Y que en cada uno de sus desprecios gritan: ¡auxilio!
En cada golpe que te dan reclaman atención.
En cada burla, en cada juicio, en cada crítica, están pidiendo ayuda, porque sus pecados los asfixian y los conducen a la desesperación.
Y claman al Cielo, mientras les queda apenas un poco de aliento, porque saben que se están muriendo por dentro, y tú eres su salvación.
Abre los ojos y mírate.
Tú eres mi siervo y yo soy tu Señor.
Tú juraste dar la vida por mí.
Y yo, estar contigo todos los días de tu vida…
Y AQUÍ ESTOY.
Convierte tu corazón.
Encuentra en mi mirada el valor que te hace falta para entregarte totalmente a Dios.
Yo te aseguro que serás feliz.
Te alegrarás cuando seas perseguido por mi causa.
Porque encontrarás la paz de los que no viven en el mundo, sino en la experiencia maravillosa de haber encontrado el lugar al que pertenece mi Corazón.
Y aquí está la verdadera fiesta, a la que llegarás después de breves sufrimientos, abrazando tu cruz.
Entrégate totalmente a mi amor.
Siéntete orgulloso de ser despreciado del mundo, porque no eres del mundo, sino ciudadano del Reino de Dios.
Elegido para reinar conmigo para siempre en la perfecta configuración.
Tú alegría está EN SERVIR AL REY.
