19/05/2026

Jn 17, 11-19 - Obrar en nombre de Cristo

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE PASCUA

OBRAR EN NOMBRE DE CRISTO

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

«Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad» (Jn 17, 19).

Amigo mío:

Ven, entra en mi Pascua, para que seas uno conmigo.

Yo he subido al Cielo, pero me he quedado contigo.

Tú y yo somos uno.

No tengas miedo.

Ten ánimo, ten valor, porque yo he vencido al mundo.

Y tú, también vencerás conmigo.

Sé cuánto te hubiera gustado conocerme y vivir mil aventuras en medio del mundo conmigo.

Pero yo te digo: convenía que me fuera, porque ahora no solo eres mi amigo, sino que el Espíritu Santo está contigo.

Tanto rogué a mi Padre por ti, para que te cuidara, para que solo no te dejara.

Y sigo rogando por ti.

Intercediendo por todas tus necesidades ante Él.

Alégrate, porque Él siempre me concede lo que le pido.

Él envió al Espíritu Santo para ungirte.

Porque tú eres mi elegido.

Yo sé que el mundo te odia, como también el mundo a mí me odia.

Porque no eres del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Eres mío.

Eres un habitante del Reino de los Cielos.

Y no solo eso, sino que tú estás destinado a reinar conmigo.

Eres mío.

Yo te di un corazón sacerdotal como el mío.

Tienes la capacidad de amar como amé yo.

Y de dar tu vida por amor al prójimo, como la di yo.

Tú y yo somos uno. Recuérdalo.

Quiere decir que eres un enviado del Cielo.

Para entregar la Palabra de Dios al mundo entero.

Para santificarte por medio de tu ministerio.

Enseñando la verdad.

Tu misión es a muchas almas salvar.

Tienes mis dones, mis capacidades como hombre, virtud, eres piadoso, fiel y obediente; y el don de Dios que el Espíritu Santo te dio cuando te puso al frente de mi familia, de mi rebaño.

Entrégame tu voluntad y yo haré de ti un hombre santo, capaz de dar la vida por mí.

Yo te santificaré en la verdad.

Yo soy la verdad.

Y estoy aquí, como te lo prometí.

Yo cuido de ti.

Mi Padre del Cielo cuida de ti.

El Espíritu Santo cuida de ti.

Ya sabes cómo es esto...

Ahí tienes a mi Madre.

Yo he rogado por ti a mi Padre, y Él te ha dado la compañía de María.

Te ha enviado a mi Madre para cuidarte, para protegerte, para auxiliarte, para guiarte, para enseñarte todo lo que me enseñó a mí.

Ella intercede por ti ante el Espíritu Santo, para que derrame sus dones, frutos y carismas sobre ti.

Al demonio yo ya lo vencí.

Lo que tú debes hacer es resistir ante la tentación.

Protegerte bajo el manto de mi Madre.

Y permanecer con Ella perseverante en la oración.

Todo lo demás no depende de ti.

Yo me encargo.

Deja tus preocupaciones, tus necesidades y tus problemas en mis manos.

Y tú ve y haz lo que yo te digo.

Lleva la verdad al mundo, amigo mío.

Para que todos aquellos por quienes yo morí en la cruz se santifiquen en la verdad, y yo me goce plenamente en ellos.

Y tú, participarás de mi gloria.

Porque tú y yo somos uno.

Obra en mi nombre, y seré yo quien obre por ti.

Entrégame tu voluntad.

Abandónate en mí.

Dame tu corazón.

El mío, ya te lo di.