09/02/2026

Jn 20,41 - Testimonio de Cristo Vivo

TESTIMONIO DE CRISTO VIVO

 

«Entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó» (Jn 20, 41).


 

Amigo mío:

Hoy te llamo para celebrar la Pascua contigo.

Contempla a tu Rey.

He vencido a la muerte.

He resucitado.

Estoy vivo.

Tú eres mi testigo.

Tú das testimonio de mí, de que estoy vivo.

Tu testimonio es veraz, porque eres un hombre digno de confianza. Porque tú también estás vivo, y si vives, es porque has muerto conmigo, y has resucitado en mí.

Y si has muerto conmigo es porque lo has dejado todo y me has seguido, y has dado tu vida por mí. Has tenido el valor para aceptar ser mi siervo; para aceptar que, siendo siervo, yo te he llamado amigo. No solo para morir conmigo, sino para vivir la vida del Resucitado, y dar gloria a Dios.

Pero, mientras vivas en este mundo, tendrás tentación a tu alrededor. Por eso te he dado a mi Madre, para que ella te acompañe, para que ella te proteja, y consiga para ti la gracia de la perseverancia, la fidelidad a mi amistad, para que vivas muriendo al mundo conmigo.

Y al mismo tiempo participando de la alegría de vivir la vida de mi resurrección.

Un día vendré por ti. Y si permaneces fiel a mi servicio, te aseguro que será el día más dichoso de tu vida.

No desearás nada más que seguirme a donde yo voy. Y me seguirás, para ser glorificado con la gloria de mi Padre, como lo soy yo.

Por eso he venido a animarte, a darte fuerza, A DARTE VIDA.

Recuerda que yo te prometí que estaré contigo todos los días de tu vida.

Y ESTOY AQUÍ.

Contémplame en la Eucaristía. Aliméntate de mí. Da testimonio de que estoy vivo, llevando mi misericordia no solo a los fieles de mi pueblo, sino a todos mis amigos, tus hermanos, mis hermanos. Especialmente a los que aún no viven como resucitados, porque no se han atrevido a dar su vida por mí.

Yo te animo a ti, que me has conocido. Da testimonio de mí. Dile al mundo que estoy vivo, para que crean en mí.

Los sufrimientos de mi cruz, los méritos de mi pasión y de mi muerte, los pongo en tus manos, para que lleves al mundo, a través de mi Palabra y de tu ministerio, la eficacia de mi cruz.

Tanto te amo que deseo que participes conmigo de mi misión, continuándola, para que participes también de la gloria de mi resurrección.

ALELUYA.