28/01/2026

Jn 8, 1-11 - Misericordia divina

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA

MISERICORDIA DIVINA

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 

«Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra» (Jn 8, 7).

 

Amigo mío:

Yo soy el Justo Juez.

Mi Padre ha puesto al mundo y a mis enemigos bajo mis pies.

Me ha dado el poder de juzgar a cada uno de los hombres.

Me ha dado la libertad de decidir condenarlos o salvarlos.

Ha puesto su confianza en mí.

Su sabiduría está conmigo.

Y yo, como Justo Juez, ejerceré toda mi justicia, y le daré a cada uno lo que merece.

Pero antes de juzgarlos, mi Padre, que es bueno, me ha enviado al mundo para hacerme hombre; para conocerlos, para identificarme con la humanidad pecadora, haciéndome pecado yo mismo, sin haber pecado jamás.

Y yo, como un loco, enamorado de la humanidad…

La sabiduría me ha mandado anteponer la misericordia divina a la justicia, y me he entregado en manos de los pecadores, para ser juzgado y condenado.

No para ser lapidado, porque nunca cometí pecado, sino para ser crucificado.

Para morir por el perdón de sus pecados, derramando, a través de mi bendita sangre, mi misericordia, y hacerle justicia a mi Padre, que es que se cumpla su voluntad; que es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad.

Yo soy la verdad. Y tú, amigo mío, estás configurado conmigo, estás configurado con la misericordia, para hacerle justicia al Rey, cumpliendo y haciendo cumplir la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

No juzgues, y no serás juzgado.

Perdona, y serás perdonado.

Eso es lo que debes hacer.

No importa la gravedad del pecado.

Ayuda a los penitentes a confesar sus pecados.

No importa si te toma mucho tiempo o tan solo un momento.

Si pasan unos minutos, unas horas, unos días.

Busca la manera de que el penitente que acuda a ti confiese su pecado.

AYÚDALO A QUE SE ARREPIENTA.

Y perdónalo.

Porque yo mi poder te he dado para perdonar los pecados.

Pero, antes que tú, yo en la cruz ya los he perdonado.

Examínate tú cada día, y si estás libre de pecado, entonces aceptaré que arrojes la primera piedra, y seas juez, dando por entendido que no tienes miedo a comparecer ante mí en tu propio juicio.

Si tú juzgas, yo te juzgaré.

Pero, si tú perdonas, alégrate, porque la misericordia que tú administras está sobre ti, y prevalecerá a la justicia.

Cuida tu soberbia. No sea que al juzgar a los demás, y condenarlos, te condenes a ti mismo.

Contempla la cruz, y dime: ¿qué ves?

¿Misericordia o justicia?

Misericordia, en tu cruz, quiero ver yo.