09/02/2026

Jn 20, 16 - Corazón dispuesto

CORAZÓN DISPUESTO

 

«Jesús le dijo: “¡María!” Ella se volvió y exclamó: “¡Rabuní!”» (Jn 20, 16).


 

Amigo mío:

¿Me reconoces?

Yo soy.

Cuánta alegría hay en mi corazón cada vez que un hijo de Dios me reconoce en medio del mundo, cuando su corazón tiene la certeza de estar en mi presencia, aunque la razón le provoque la tentación de la duda.

Pero la fe verdadera es más fuerte que el corazón.

Cuando es un corazón fiel a su fe domina a la razón.

En el corazón gobierna la conciencia, y en la conciencia manda Dios, exponiendo la verdad.

Yo soy la verdad, y aquí estoy.

Cuando tus ojos vean el pan y el vino…

Cuando tus manos toquen el pan y el vino…

Tu razón te dirá que es solo pan y es solo vino.

Pero, cuando tu boca profesa: “Este es mi Cuerpo… Esta es mi Sangre…”, aunque tu razón no lo pueda comprender, tu corazón te dice: “ya no es pan, y ya no es vino… es el Hijo de Dios, que te dice: ‘Yo Soy’”.

Pero, si tú no sabes dominar tus pasiones…

Si has descuidado tu fe…

Si el pecado te tiene atado al mundo…

Y tu mente está turbada…

La razón cegará a tu corazón.

Te dirá: “lo que ven tus ojos… lo que tocan tus manos… lo que siente tu boca… es solo pan y vino”.

Si has perdido la esperanza…

Si te sientes solo y perdido…

Si te sientes triste y abatido…

Yo te pregunto: “¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Aquí estoy, ¿qué acaso no me has reconocido?”.

Y si dispones tu corazón…

Si deseas con todo tu ser creer…

Pídeme la fe que te falta.

Yo te la daré.

Y tus ojos verán…

Y tus manos tocarán…

Y tu boca comerá… en sustancia, pan y vino.

Pero te aseguro que los ojos de tu corazón se abrirán.

Y verán que no es solo un pan, que no es solo vino:

ES MI CUERPO.

ES MI SANGRE.

ES MI ALMA.

ES MI DIVINIDAD.

SOY YO, EL HIJO DE DIOS,

QUE HA MUERTO EN LA CRUZ POR TI.

QUE HA VENIDO A SALVARTE.

Y ha derramado por ti su sangre, hasta la última gota, por amor.

Y que ha resucitado, para darte vida.

Entonces se abrirán tus oídos, y escucharás que te llamo por tu nombre, y te digo: “aquí estoy, te amo”.

Medita todo esto que te digo en este tiempo de Pascua.

Permanece con el corazón dispuesto.

Y lleva mi mensaje a mi pueblo.

Diles que ya no lloren, que ya no busquen más entre los muertos al que está vivo.

Cuéntales que tú eres testigo de haber conocido a CRISTO VIVO.