09/02/2026

Jn 14, 21 - Corregir el camino

CORREGIR EL CAMINO

 

«El que acepta mis mandamientos y los cumple, ese me ama» (Jn 14, 21).


 

Amigo mío:

Yo sé que tú me amas.

Por eso yo vivo en ti, y mi Padre vive en ti.

Estás lleno de dones y gracias.

Y del amor del Espíritu Santo.

 

Conocer el camino al Cielo qué fácil es.

Yo soy el camino.

Al mundo me he revelado.

Conocer la verdad no es para unos cuantos.

Todos la pueden conocer.

Tener vida.

Todos cuantos viven es por mí.

Yo soy la vida.

Todos los hombres tienen la capacidad de creer en mí.

Todos han sido creados a imagen y semejanza de Dios.

Por tanto, tienen la capacidad de amar y de ser amados.

 

Conocer la ley de Dios qué fácil es.

La llevan escrita en el corazón desde antes de nacer.

Y aun después pueden recordarla una y otra vez.

Es la ley que Dios todopoderoso le ha dado a Moisés.

 

Alcanzar la salvación qué fácil es.

Yo mismo di mi vida como pago por el rescate de toda la humanidad.

 

Recibir al Espíritu Santo, que les dice y les recuerda todas las cosas, qué fácil es.

Mi Padre se lo envía en mi nombre a aquel que lo ama y lo obedece.

 

Entonces, si la voluntad de Dios es que todos los hombres se salven, ¿por qué lo hacen tan difícil?

¿Por qué no se salvan?

Te lo diré.

Lo difícil no es aceptar a Dios, sino renunciar a uno mismo.

Renunciar a la propia voluntad y entregarle la voluntad a Dios.

Confiar en que Él les dará lo mejor.

Hará con ustedes maravillas.

Les dará a manos llenas todo lo que necesiten.

Derramará sobre ustedes su misericordia.

Los llenará de amor.

Les dará su paz.

Y los llevará a la única y verdadera felicidad en la vida eterna.

Lo difícil es querer creer.

Despojarse de todo, hasta de sí mismo, para venir a mí.

Rechazar toda tentación.

Pedir la gracia para resistir.

Y la fortaleza para dominar sus pasiones.

Yo soy el camino.

Estoy aquí como lo prometí todos los días de tu vida.

Lo difícil no es reconocerme, sino imitarme, ser igual a mí.

Ser menos tú y más yo.

Dejarte poseer por completo por la Deidad.

Para volverte loco de amor.

 

¿Tienes miedo?

¿A qué le temes?

¿Qué acaso no soy para ti suficiente?

¿Qué acaso no te gustaría ser como yo?

Esta es mi invitación.

Yo te busqué.

Yo te encontré.

Tú dijiste: “Señor, aquí estoy”.

Yo dije: “¿a quién enviaré”.

Y tú dijiste: “envíame a mí”.

Y yo te envié para darme al mundo a conocer a través de mi Palabra puesta en tu boca.

De mi poder puesto en tus manos.

Y de la realización de mis obras, viviendo solo para mí.

Haciendo lo que yo te diga.

Escuchando mi Palabra.

Poniéndola en práctica.

Cumpliendo mis mandamientos.

Disponiendo tu corazón con docilidad para que yo haga mi morada en ti.

 

Si tú te pierdes…

Si no eres feliz…

Si te sientes solo…

Si estás angustiado o atribulado…

Si estás enviciado en tu trabajo pastoral…

Si no tienes tiempo para orar…

Si has perdido la paz…

Si tienes apegos en el mundo…

Si tu vocación no te atrae más…

Si has perdido devoción al celebrar la Santa Misa…

Si te cuesta dedicar un momento para la adoración eucarística…

Si deseas estar con otras personas antes que estar conmigo…

Es que has decidido tomar el camino difícil.

Es que has puesto cargas pesadas sobre tu espalda.

Es que te has cansado de ir en contra de mi voluntad.

Es que tienes otros amores, y te has olvidado del único amor verdadero QUE LLEVAS DENTRO.

 

Yo estoy aquí abriendo tus ojos para que corrijas tu camino.

Si estás pensando qué locuras digo, ¿cómo puede ser fácil el camino a la santidad?

Yo te digo: si tan solo confiaras en mí…

Si te dejaras amar por mi…

Si te olvidaras de ti…

Y me vieras y pensaras solo en mí…

Si te tomaras de la mano de mi Madre…

Si aceptaras renovar tu alma sacerdotal…

Si volvieras al amor primero…

Si dejaras de preocuparte, y te ocuparas en hacer mi voluntad…

Si vinieras más seguido a orar conmigo en la intimidad…

Conocerías la verdad, y esa verdad te haría libre.

Entonces comprenderías que todo lo que debes hacer es seguirme.

¿Ves qué fácil es?