EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA
SIGNOS PARA CREER
Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Jesús le dijo: “Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen”. Pero el funcionario del rey insistió: “Señor, ven antes de que mi muchachito muera”» (Jn 4, 48-49).
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Amigo mío.
Es tiempo de conversión.
Convierte tu corazón y CREE.
Yo soy aquel que te llamó y te preguntó: “¿crees en mí?”.
Tú dijiste: “sí, yo creo, Señor, pero aumenta mi fe”.
Y yo contesté: “déjalo todo y sígueme”.
Tú te levantaste y me seguiste, porque creíste en mí.
Pasado el tiempo, habiendo estado conmigo configurado.
Compartiendo mi cruz.
Y los sufrimientos de mi corazón sacerdotal.
El arduo trabajo.
Las largas jornadas.
Las dificultades y persecuciones.
Los malos y los buenos momentos.
Los muchos silencios…, y la soledad.
Las luchas por resistir las tentaciones.
Las batallas ganadas.
Y las perdidas… que aún perturban tu conciencia.
Los juicios y reproches de la gente.
La vanagloria de los éxitos de tus proyectos.
Las frustraciones, cuando las cosas te salen mal.
Tu resistencia a tu obediencia.
Esas noches sin dormir.
Y tu deseo ferviente de salvar almas…, a pesar de tus pocas fuerzas y tu debilidad.
Tu corazón que se enfría y se endurece… cuando, sumido en el activismo, te olvidas de la oración.
Esas rutinas y malos hábitos…, que te llevan a una vida desordenada… por lo que evades mi mirada.
Y las lágrimas que derraman tus ojos por tu traición.
Yo te pregunto: “¿aún crees?”.
Sé honesto contigo mismo, y respóndete.
Porque la respuesta yo ya la sé…: conozco tu corazón, hasta las profundidades de tus pensamientos reprimidos.
Que te esfuerzas por olvidar.
¿QUIERES VER SIGNOS…, PARA CREER?
Pues bien, yo te diré que eres tú, amigo mío, quien obra milagros conmigo.
Cada vez que consagras el pan y el vino, con mi poder, ES UN MILAGRO PATENTE QUE PUEDES VER.
Yo estoy ahí presente, vivo, sufriente, agonizando.
Clavado en la cruz.
Tú renuevas mi sacrificio.
De manera incruenta, pero es el mismo.
ES ETERNO.
Y lo haces una y otra vez.
Realizas el milagro conmigo.
Con mi muerte destruyo la muerte.
De los que están muertos por el pecado.
De los que están agonizando.
Por la enfermedad del pecado que les carcome el alma.
Mientras tú intercedes y me dices:
“SEÑOR, SALVA A TU PUEBLO… DALES VIDA”.
En tus manos, amigo mío, eleva el Pan de Vida.
El milagro VISIBLE de mi resurrección.
Que da vida eterna al mundo.
Rescatándolos de la muerte.
A la que el pecado los tenía sometidos.
ES UN TRIUNFO.
Compréndelo.
El milagro lo realizamos juntos, tú y yo.
Milagro Eucarístico.
Yo estoy ahí.
PRESENTE, VIVO, RESUCITADO.
Para que el mundo crea.
Por ti.
Dime: ¿ahora crees?
Yo soy quien te da la fe.
Ten la humildad de abrir tu corazón.
Para decirme: “¡Ven pronto, Señor!”.
Convierte tu corazón.
Haz un buen examen de conciencia.
Y una verdadera confesión.
Acudiendo al sacramento.
Para que, a través de las manos de otro sacerdote como tú…
Veas el signo patente.
Que yo realizo en tu alma.
Cuando recibas la absolución.
Cree y da testimonio de tu fe a todos los de tu casa.
Para que crean en mí.
PARA QUE CREAN EN TI.
Y en que tú y yo somos uno.
Y somos capaces DE SALVAR EL MUNDO.
CON EL PODER DE DIOS.
YO SOY.
Sírveme, y verás los milagros que, a través de mí, realizan tus manos.
