EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE PASCUA
EXPERIMENTAR EL AMOR DIVINO
Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Jn 17, 3).
Amigo mío:
Vive esta experiencia espiritual conmigo haciendo conciencia de que estás configurado con el Hijo de Dios.
Y lo que experimentas son los sentimientos de mi Corazón.
Yo tengo un Corazón sacerdotal.
Yo en ti me glorifico cuando tú haces mis obras y aún mayores.
Y glorifico a mi Padre santificándote.
Uniéndote en mi único y eterno sacrificio.
Vive esta experiencia de amor recibiendo la gloria que yo te doy.
Tú eres glorificado cuando actúas en mi Nombre, en mi Persona.
Y la gloria que yo te doy es la gloria con la que el Padre me ha glorificado desde antes de que el mundo existiera.
Si haces lo que yo te digo…
Si me das tu corazón…
Si te desprecias a ti mismo, y me obedeces…
Predica mi Palabra.
Dile al mundo que me has conocido, para que te escuchen y te conozcan.
Y entonces, me conozcan a mí, y a mi Padre, que es quien me ha enviado.
Vive la experiencia del Resucitado.
Y dale a mi pueblo la vida eterna, que, para ellos, yo, con mi sangre, he ganado.
Lleva almas a Dios, para que sea mi Nombre glorificado.
Yo ruego por ti.
Intercedo ante mi Padre, que está en el Cielo, por ti.
Yo di mi vida por ti.
Yo confío en ti.
Sé que puedes traicionarme.
Conozco tus debilidades.
Pero también conozco tu corazón, y sé que tu deseo es amarme, adorarme, glorificarme.
Y confío en ti.
Porque esta experiencia espiritual te concederá la gracia que necesitas para seguir, y cumplir los deseos de tu corazón sacerdotal.
Tú tienes un corazón como el mío.
Tú eres un discípulo mío.
Tú eres un tesoro que el Padre me ha dado.
Y yo te voy a cuidar, aunque vivas en el mundo, y sea mucha la tribulación, y grande tu aflicción.
Si tú abres tu corazón y te sumerges en esta maravillosa aventura conmigo, y tienes la docilidad de dejarte abrazar por mi misericordia, no caerás en tentación.
No harás sufrir a mi Corazón Sagrado.
Porque vivirás la maravillosa experiencia de estar locamente, de Dios, enamorado.
Y es con tu amor, unido a mi amor, como glorificas al Padre, al Hijo, por el Espíritu Santo.
Atrévete a experimentar, en carne propia, el Amor Divino.