20/01/2026

Mt 1, 16-18. 21-24 - La misión de José

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA

LA MISIÓN DE JOSÉ

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 

«Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor» (Mt 1, 24).

 

Amigo mío:

Es bueno y de mucho provecho para tu alma meditar en la misión particular de mi padre José durante la Cuaresma.

La obediencia de José.

La humildad para aceptar la voluntad de Dios.

La fe y la visión sobrenatural con la que asumía su gran responsabilidad.

Indigno de tan gran honor se sentía.

Pero aceptó y obedeció.

Y tomó a mi Madre como esposa.

Y al fruto bendito de su vientre como hijo adoptivo. Pero lo amó, lo cuidó, lo acompañó, lo educó, como verdadero hijo.

De mi padre José yo aprendí lo que quería decir la filiación divina.

Yo soy el Hijo único de Dios, pero Él adoptó a toda la humanidad como verdaderos hijos.

Y del mismo modo que ama a su Hijo, a todos sus hijos los amó, y tanto los amó que a salvarlos me envió.

Y mi vida, como hombre en medio del mundo, con la vida del mundo equiparó.

Su voluntad era que yo entregara mi vida para pagar el rescate de la vida de mundo, y en ese acto demostrar cuán amado es para Él el mundo.

Tanto amó Dios a la humanidad que adquirir la naturaleza humana en el Hijo fue su voluntad.

Ya que los hombres no tenían capacidad para ser como Él, Él se abajó en el Hijo, para ser en todo igual a los hombres, menos en el pecado, del que debía liberarlos.

Y con el acto de amor del Hijo –que los amó hasta el extremo–, merecieron la posibilidad de llegar a ser uno con Él, por filiación divina.

Los méritos de José alcanzaron, en la práctica, el cumplimiento de la voluntad de Dios, dando ejemplo al mundo de que un hombre ordinario puede ser justo, puede llegar a ser santo, si hace lo que Dios le dice.

Sus virtudes heroicas fueron modelo para mí.

Cuántas veces durante mi Pasión recordé todo lo que él hizo por mí.

Y su recuerdo y su espíritu me animó, me consoló, me dio valor para seguir.

Como hombre, en medio del inmenso sufrimiento, su intercesión pedí, para cumplir la voluntad de mi Padre que está en el Cielo.

Así como él cumplió la voluntad de mi Padre que está en el Cielo, mientras vivió junto a mí, y junto de mi Madre, medita en esta posibilidad: ¿qué hubiera sido de mí, qué hubiera sido de mi Madre, si José nos hubiera abandonado, si no hubiera estado ahí cuando lo necesitamos?

De algún modo él también participó de mi misión redentora.

Pero tú, participas conmigo obrando en mi nombre, haciendo eficaz la gracia derramada de mi sacrificio en cada hombre que acude a ti buscando mi misericordia.

Agradecido estoy con mi padre José.

Él me ayudó a perseverar para consumar mi misión.

Agradécele tú también.

Pide su ayuda.

Cuenta con él.

Y así como él, vive heroicamente las virtudes, y acepta lo mismo que aceptó él: a tu esposa y a su Hijo.

Tu esposa es la Santa Iglesia.

Su Hijo es el pueblo de Dios.

Cuídalos, custódialos, protégelos, guíalos, provéelos.

Un día faltarás y ellos seguirán caminando en medio del mundo.

Pero tú habrás hecho lo que tenías que hacer.

Les habrás dejado el camino seguro, y podrás morir en paz.

Acepta al pueblo de Dios como verdaderos hijos, ámalos hasta el extremo, hasta dar la vida por ellos, acompañados de mi Madre María, bajo la protección de mi padre José, porque eso es la voluntad de Dios.

No esperes escucharlo de la boca de un ángel.

Te lo digo yo, QUE AQUÍ ESTOY PARA SALVARTE.