EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA
RESISTIR A LAS TENTACIONES
Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás» (Mt 4, 1-10)
Amigo mío:
Este tiempo de Cuaresma es de ayuno, de oración y de penitencia. Y yo quiero enseñarte a resistir a las tentaciones, como lo hice yo.
Tres veces me tentó el diablo en medio del desierto. Cuando mis fuerzas humanas se debilitaron encontró oportunidad.
Dios me quiso probar para demostrar a la humanidad que sí es posible para un hombre no caer en tentación y no pecar, porque tiene la gracia de Dios, y eso es todo lo que un hombre necesita.
«No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».
Es más importante alimentar tu alma que tu cuerpo, aunque es necesario también el alimento para el cuerpo.
Pero el alimento espiritual es el que te da la fuerza para no pecar. Puedes ayunar, ofreciéndole a Dios un sacrificio, que también te da a ti un beneficio, enseñándote a vencerte a ti mismo, a dominarte, a soportar. Te hace más fuerte en tu voluntad.
Pero no debes ayunar jamás del alimento espiritual. Tu alma debe estar siempre bien nutrida.
Tú trabajas para mí. Me sirves predicando mi Palabra, que es lo mismo que decir: “alimentando a las almas”.
Aliméntate primero tú. Deja que mi Palabra te sacie. Escúchame. Te hablo a ti. Y les hablaré a los demás a través de ti. Pero primero me dirijo a ti: llénate de fuerza, de esa energía que te da mi presencia viva. Aliméntate de mí.
«No tientes a Dios».
En esta tentación que te pone el diablo se contienen muchas de las tentaciones en las que caen mis seguidores, creyendo que tienen fe, y que Dios no permitirá ningún daño, ninguna enfermedad…
Descuidan su salud.
A veces pretenden ser víctimas de expiación.
Buscando halagar a Dios se pierden a sí mismos, cayendo en la soberbia, en el orgullo, en la ambición y en los vicios.
Se ponen en tentación como si fueran todos poderosos.
Retan al diablo, pretendiendo que, por resistir sus ataques y maldiciones serán muy santos.
Yo te digo, amigo mío: cuida tu salud, cuida tu cuerpo. Es un regalo que Dios te ha dado. Ese mismo cuerpo es un instrumento para que tú me sirvas.
Cuida lo necesario, sin abusar de la comodidad. Pero trátate bien. ¿Qué no te das cuenta de que Yo Soy en tu cuerpo también?
Tú llevas un tesoro en vasija de barro. Y yo amo tu tesoro. Y amo la vasija de barro.
«Solo a Dios adorarás, y solo a Él servirás».
Esta es la tentación más fuerte con la que se regodea el diablo.
Adorar a ídolos falsos, a dioses que no son el único Dios verdadero, no es solo para aquellos que tienen otras creencias o religión. Es para ti también una tentación.
Adorarlo es solo ponerse de rodillas ante Dios y rendirle culto.
Hay otras miles de maneras de adorar.
Adoras las cosas del mundo, los placeres grandes y pequeños.
Adoras a veces a personas a las que admiras.
Adoras a ídolos, como las riquezas y el dinero.
Adoras el tiempo. ¡Qué valioso es!
Adoras el silencio que necesitas.
Adoras tus ilusiones, tus recuerdos.
Adoras tantas cosas cuando las antepones a Dios.
“Solo a Dios adorarás y servirás” quiere decir renunciar a todo, hasta a ti mismo, para cumplir su voluntad, abandonándote totalmente en Dios, aceptando absolutamente todo lo que Él quiera hacer contigo, sirviéndolo en todo y a través de todos, haciéndote último y servidor de todos.
Todos tus sentidos, todas tus potencias, todo, absolutamente todo lo que tienes, lo que eres, ponlo a mi disposición.
Adórame en todo momento. Ríndete ante mí, yo soy tu Rey y Señor.
Lucha con tu cansancio. Pídeme la gracia que necesitas para estar atento y cumplir.
Tienes mi gracia, pero adórame también cuando duermes.
También deseo que tus sueños sean míos, que aun dormido pienses en mí.
Para no caer en la tentación de no adorar solo a tu Señor, es necesario rechazar al diablo y expulsarlo, pedirle que se retire.
No tiene lugar aquí, no tiene cabida en ti.
Hazlo todos los días, y consíguelo.
Bendícete con agua bendita y las lágrimas de mi Madre sobre tu cabeza.
Entonces pensarás solo en mí, y solo a Dios adorarás y servirás.
