EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA
BURRITOS DEL REY
Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo» (Mt 21, 5).
Amigo mío:
Estos días santos medita, en tu corazón, el significado de mi entrada triunfante a Jerusalén.
Y procura sentir lo mismo que yo sentí.
No medites con la cabeza, pensándolo todo, buscando una razón.
No quieras encontrar para todo una explicación.
Si de verdad quieres meditar, y hacer una oración agradable a Dios, siente, medita y comprende todas las cosas en tu corazón.
Tú tienes un corazón como el mío.
Déjalo sufrir.
Déjalo llorar.
Déjalo sentir.
Deja que tu corazón te hable al oído, como lo hago yo.
Te aseguro que te sorprenderás, y mucho entenderás.
Yo te llamé para que seas mi siervo.
Del mismo modo que han de buscar a un burrito, a ti te mandé llamar de tantas maneras.
Ojalá aprendieras de la sabiduría del burrito.
Y con docilidad obedecieras.
Y llevaras a la carga que yo te doy, que es ligera.
Y te dejaras dirigir por mi yugo, que es suave.
Y del modo que yo te necesito me sirvieras.
Sé que lo haces.
Sé que te esfuerzas.
Pero aún te falta algo.
Ten la humildad de gozar cuando me alaban y me proclaman Rey.
Así como sufres conmigo, quiero que goces conmigo también de mi gloria.
Si lo hicieras…
Si al burrito cada día más te parecieras…
Me seguirías, me servirías, llevarías mi carga, como lo haces, pero no te preocuparías.
SABRÍAS QUE TU CARGA ES DIVINA.
Que tu carga soy yo.
Que me llevas elevado, entre todos, para proclamarme Rey.
Reconociendo mi victoria.
Cumpliendo la voluntad de mi Padre.
Y triunfarías conmigo.
Destruyendo el pecado.
Expulsando al enemigo de mi Iglesia, en donde se ha metido.
Porque no había nadie que la protegiera.
Todos se han ido.
Tan solo quedas tú, al pie de mi cruz.
Junto a mi Madre.
¿Quién anunciará mi triunfo?
¿Quién creerá en mi resurrección?
Siéntete dichoso porque, para servir al Rey, te elegí yo.
Tú haz lo que debes y otros te seguirán.
Permanece junto a mi Madre.
Y, así como el burrito, entrarás victorioso a la gloria de mi Padre.
Cuando alguien te pregunte:
¿A qué te dedicas?
¿Tú qué haces?
¿En dónde te has metido?
¿Qué es eso que predicas?
¿Cuál es el cargo desde donde predicas y construyes las obras de Dios?
¿Por qué te alejas del mundo?
¿Por qué pierdes tantas horas dedicándote a la oración?
¿Quién eres?
¿A dónde perteneces?
¿Por qué no tienes miedo?
¿A quién obedeces?
Tú les dirás, como el burrito de Jerusalén: YO SIRVO AL REY.
