20/01/2026

Mt 23, 1-12 - Hacerse último

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA

HACERSE ÚLTIMO

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 

 

«El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido» (Mt 23, 12).

 

Amigo mío:

Yo te llamo amigo si haces lo que yo te digo.

Si predicas mi Palabra y la pones en práctica.

Pero si dices una cosa y haces otra, yo espero con paciencia, hasta que te arrepientas y vuelvas a mi amistad.

Yo sé que tú quieres cumplir mi voluntad.

Pídeme la gracia que necesitas, porque solo no podrás.

Permanece humilde, y nunca te gloríes, si no es en mi cruz.

Yo te he llamado para que seas conmigo el último de todos, el servidor de todos.

Haz lo que dices, cumple con tu palabra, mira en tu interior, en lo más profundo de tu corazón. Ahí estoy.

Sabes quién eres. No eres tú. YO SOY.

El Padre y yo somos uno, y tú y yo somos uno.

Estás configurado con el Hijo de Dios.

Por eso te llaman “padre”.

Por eso te llaman “maestro”.

Por eso te llaman “guía”.

Por eso el pueblo te respeta y te considera su pastor.

No los decepciones.

Ellos saben que no eres tú, sino yo.

Por eso vienen a ti.

Por eso confían en ti.

Por eso piden tu consejo y tu perdón.

Dales buen ejemplo.

Haz honor a tu condición de sacerdote, y sírvelos.

Tú eres quien los alimenta.

Tú eres quien les hace llegar la misericordia de Dios.

Tú eres quien los atrae a mí, para que, por mí, puedan llegar al Padre.

No te enorgullezcas de tus logros, de tus trabajos, de los frutos que has dado, de lo bien que haces tantas cosas, de tu buena predicación, de tus buenos consejos, de los milagros que realizas, de los demonios que expulsas, de los pecados que perdonas, de tu labor pastoral, de tu caridad, de tu sabiduría, de tu piedad.

Porque no eres tú, yo soy.

Tú te has entregado a mí. Has renunciado al mundo y a ti mismo, para seguirme, para desaparecer, y mostrarle al mundo, en tu persona, al Cordero de Dios tal cual es.

Humíllate y pide perdón si alguna vez te invade la soberbia el corazón.

Humíllate. Tú eres mi siervo. Es verdad que eres mi instrumento, que me has dado tu cuerpo y tu voluntad para que yo en ti y a través de ti pueda obrar.

Pero no te enaltezcas por tus propios méritos.

Acepta que tú y yo somos uno.

Tus méritos son los míos, y mis méritos se hacen tuyos si permaneces conmigo en mi cruz.

En este tiempo hay muchos hombres que se comportan como fariseos, incluso sacerdotes.

Y hieren mi corazón.

Ora por ellos. SÍRVELOS también a ellos, pidiendo por ellos perdón y gracias de conversión.

Hazte último, hasta con el más grande pecador, porque yo me he hecho último.

Y es así como perfeccionas tu configuración con el Hijo de Dios.