20/01/2026

Mt 26, 14-25 - Deseos de Jesús

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA

DESEOS DE JESÚS

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 

«Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme» (Mt 26, 21).

 

 

Amigo mío:

En este día santo medita bien estas palabras: “Ay de aquel por quien el Hijo de Dios va a ser entregado. Más le valdría no haber nacido”.

Son palabras referidas a un sacerdote, igual que tú.

Con las mismas debilidades, pero también con las mismas gracias que yo te di.

Qué difícil es comprender cómo un hombre cercano a mí, consagrado para mí desde antes de nacer, elegido y ungido por mis manos, configurado SACRAMENTALMENTE conmigo, puede traicionarme, cometiendo los más graves pecados…

Cómo puede despreciar su dignidad sacerdotal vendiendo a su Dios…

Cómo puede CRUCIFICARME, cometiendo pecados contra su propia carne…

Pero más incomprensible es que yo esté dispuesto a todo perdonarle.

Y aun así… no se humille ante mí, no pida perdón, no se avergüence de su comportamiento, y siga revistiéndose, portando con orgullo los ornamentos.

No los juzgues.

Reza por ellos.

Y considérate uno de ellos.

No codicies ser igual a Dios.

Eres tan solo un hombre, indigno y pecador.

Arrepiéntete de tus faltas, acudiendo al sacramento de la reconciliación.

Y si piensas que tus pecados son pocos, que no tienes pecado grave, recuerda que serás juzgado con rigor, porque tú sí sabes lo que haces, y sabes que no merezco ser ofendido por un amigo, NI SIQUIERA CON EL PENSAMIENTO.

Yo deseo darte la gracia que necesitas para que seas santo.

Yo deseo que no ofendas a mi Padre, sino que lo glorifiques.

Yo deseo darte la gracia para que nunca me traiciones.

Ojalá tú desees lo mismo que yo, y me pidas esas gracias con todo tu corazón.

Si tú lo quieres, yo lo quiero.

Yo te concedo lo mismo que yo deseo.

Yo deseo, en ti, glorificar a mi Padre que está en el cielo.

Que sea tu vida una ofrenda unida a mi cruz, para la conversión de los pecadores, de los que yo amé primero, y los llamé como mis servidores.

Pero no los llamé siervos, los llamé amigos.

Y los hice, para siempre, SACERDOTES.