EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA
ORAR EN GETSEMANÍ
Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Velen y oren, para no caer en la tentación» (Mt 26, 41).
Amigo mío:
Yo te llamo para que hagas oración conmigo.
La oración es la manifestación del mandamiento del amor.
A través de la oración adoras a Dios.
Expresas, con todo tu cuerpo, con toda tu mente, con toda tu alma, que amas a Dios por sobre todas las cosas.
Tanto, que lo dejas todo.
Renuncias a todo.
Hasta a ti mismo.
Para estar con Él.
Atento con todos tus sentidos.
Para lo que quiera Él.
Y manifiestas también tu amor al prójimo.
Y tu amor a ti mismo.
Intercediendo por el prójimo.
Pidiendo lo que pides para ti mismo.
Y esa es la perfecta oración.
Es una comunicación con aquel que te ama.
Que te llena de su don.
De su amor y de su misericordia.
Para que tú puedas corresponder.
Amando hasta el extremo.
Como yo.
Medita en esta noche sobre tu vocación.
Por la que fuiste ordenado para la Eucaristía.
Para adorar y hacer que el mundo adore el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del Hijo de Dios.
Bajo las especies del vino y del pan.
Tú fuiste ordenado sacerdote para amar hasta el extremo, como yo.
Haciéndote último y servidor de todos, como yo.
Estás configurado conmigo para llevarme al mundo.
Y que el mundo me conozca, a través de mi Palabra.
Que es la verdad.
Si tú supieras, amigo mío, CUÁNTO TE AMO, te echarías a llorar.
Acompáñame en mi oración en Getsemaní.
Y haz lo mismo que yo hice ahí.
Abre tu corazón.
Cuéntale a mi Padre y tu Padre Dios cuáles son tus miedos.
Cuáles son tus angustias.
Cuáles son tus preocupaciones.
Deja que vea tu sufrimiento.
Pídele que te haga ver con claridad su voluntad.
Llora como un niño si sientes la necesidad.
Él es tu Padre.
Te consolará.
Te comprenderá.
Te confortará.
Y te ayudará…
Y luego bebe de mi cáliz.
Para que ames a Dios hasta el extremo.
Con toda tu voluntad.
Con todo tu cuerpo.
Con toda tu alma.
Con todo lo que eres.
Y déjate amar por mí.
Déjame lavarte.
Déjame purificarte.
Para que seas digno de mí.
Aprende de mí.
Que soy manso y humilde de corazón.
Y luego ve y haz tú lo mismo.
Ten el valor de aceptar tu cruz.
Y de vivir tu pasión con la ilusión de entregar tu vida a Dios.
Consciente de que ya no eres tú, sino yo.
