09/02/2026

Mt 28, 9-10 - Mujeres santas

MUJERES SANTAS

 

«Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”» (Mt 28, 9-10).


 

Amigo mío:

Celebremos la Pascua.

Escucha lo que dice mi Palabra a tu corazón.

El Evangelio está vivo, como vivo estoy yo.

Y tú vives el Evangelio, lo experimentas, como experimentas estos encuentros en oración entre tú y yo.

Si valoras lo mismo que valoro yo, valora a la mujer.

En tan alta estima tengo a la mujer, que una mujer es mi Madre.

Y mujer la Iglesia es, mi esposa, mi amada.

A las mujeres yo elegí como primeros testigos de mi resurrección.

Ellas llevaron mi mensaje, la buena nueva, a mis apóstoles.

No es porque la mujer tenga el don de hacer a los hombres creer. Es porque la que es dócil es movida por el Espíritu Santo, para llevar, como un tesoro, la verdad.

Algunas mujeres se pierden en chismes y habladurías. Pierden credibilidad.

Pero la mujer que es fiel, la mujer virtuosa, la mujer santa, lleva la credibilidad en su forma de vivir, de hablar, de actuar.

La mujer que ha tenido un encuentro conmigo tiene el corazón encendido en el fuego vivo de mi amor, y nadie que la escuche puede dudar de su fe, de su verdad.

Es mi deseo que muchas mujeres tengan un verdadero encuentro conmigo, para que lleven al mundo la verdad, para que sean testigos de haber conocido el amor, y lleven el mensaje de esperanza al mundo, acompañando a mi Madre.

Es mi deseo que muchas mujeres reciban la dirección para seguir el camino de la mano de mi Madre, que las lleve a un verdadero encuentro conmigo. Para que ellas se llenen de valor y lleven a mis sacerdotes mi mensaje de amor.

Deseo que las mujeres que acompañan a mi Madre aprendan cómo llegar a ser, en la vida ordinaria en medio del mundo, una santa mujer.

El modelo es mi Madre.

Cuánto deseo yo que se parezcan a ella.