EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE PASCUA
ELEVAR EL CORAZÓN
Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Levantando las manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo» (Lc 24, 50-51).
Amigo mío:
Celebra conmigo mi triunfo.
Yo subo a mi Padre y tu Padre, a mi Dios y tu Dios.
Para tomar posesión de mi Reino.
Y glorificar con mi triunfo a Dios, porque yo he vencido al mundo.
He rescatado del mundo el tesoro de Dios.
Y en esta humanidad y divinidad entro al Cielo.
Para ser glorificado como hombre y Dios.
Y darle a mi Padre cuentas de la misión a la que fui enviado.
Y entregarle un Reino de sacerdotes, profetas y reyes.
Dignos de ser llamados hijos de Dios.
Pero no te quedes ahí mirando al cielo.
Eleva tu corazón conmigo.
He abierto para ti las puertas del Paraíso.
La invitación está abierta.
Te he enseñado el camino.
Te he confesado que mi deseo es que seas feliz.
Y yo soy el todo poderoso.
El único que te puede hacer verdaderamente feliz.
Lo que yo te ofrezco no se compara con nada de lo que el mundo puede ofrecerte.
Yo te ofrezco mi Reino, que es mucho más que lo que puedes imaginar.
Y te ofrezco reinar conmigo, no solo mil años, sino toda la eternidad.
Yo tengo preparado para ti un lugar.
Te aseguro: conozco tus gustos y tus deseos.
¡Te encantará!
Mi gloria será tu gloria.
Tu alegría será plena y nunca se acabará.
Esta es mi propuesta.
Pero depende de ti que la quieras aceptar.
Aún tienes camino por andar.
Yo te envío a mi Santo Espíritu, para que te dé la fuerza que necesitas para vencer al mundo conmigo, y puedas rendir buenas cuentas a mi Padre, cuando llegue tu hora.
Yo subo al Cielo y te bendigo con mi corazón sacerdotal.
Para que tú hagas lo mismo con mi pueblo.
Ellos también están invitados a participar del Banquete eterno.
Pero tú los debes llamar, invitar y convencer de todo lo bueno que en mi Reino tendrán.
Una dicha que nadie les puede quitar, pero ellos también por sí mismos deben aceptar.
Eso, amigo mío, se llama “Evangelizar”.
Yo te prometo que mi gracia no te faltará.
Yo subo al Cielo, pero me quedo.
Mi presencia vive en ti.
Yo estaré contigo todos los días de tu vida, como te lo prometí.
CREE, ESTOY AQUÍ.
Y si un día no sintieras mi presencia, mándame bajar del Cielo.
Yo te he dado ese poder.
Me puedes tocar.
Me puedes ver.
Me puedes comer.
Y mi Reino experimentar.
Ese Cielo que yo te prometo, en mí está.
Y aquí en esta tierra he establecido mi Reino.
Tú tienes el poder de reinar uniendo los Cielos y tierra en este trozo de pan.
Nadie en el mundo tiene más poder ni más riquezas que aquel a quien el Espíritu Santo le ha dado un corazón como el mío, un CORAZÓN SACERDOTAL.
Tu deber es peregrinar en este mundo con mi pueblo.
Enseñarlo.
Dirigirlo.
Santificarlo.
Y conducirlo a las puertas del Paraíso, a mis pies.
Para que adoren, alaben, bendigan y glorifiquen al Rey.
Y yo les diga: “vengan, benditos de mi Padre, entren y tomen posesión del Reino que Dios ha preparado para los que lo aman”.
Y tú, si dices: “sí”, entrarás conmigo, y yo entraré contigo.
Juntos cerraremos la puerta.
Cenarás conmigo y yo contigo.
Y viviremos en paz celebrando nuestro triunfo con la resurrección de los muertos, en el Juicio Final.
Eleva tu corazón al Cielo, y ponte a trabajar.
Grandes son los frutos que espero de tu ministerio sacerdotal.
Yo te bendigo en el nombre del Padre, en mi nombre, y en el nombre del Espíritu Santo