20/01/2026

Mt 5, 20-26 - Perdonar siempre

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA

PERDONAR SIEMPRE

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 

«Deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano» (Mt 5, 24).

 

Amigo mío:

Yo te llamo para renovar tu alma.

Para eso es este tiempo que pasamos juntos tú y yo, en silencio, en oración.

La renovación del alma requiere necesariamente conversión. Y la conversión total de un alma es el fruto de la reconciliación conmigo.

Nadie puede decir que está convertido si no vive en amistad conmigo.

Pero quien está enemistado con sus hermanos no puede decir que conmigo está reconciliado.

Tú tienes mi amistad, pero es necesario que mires en lo más profundo de tu corazón y descubras si hay rencor contra alguno de tus hermanos.

Busca en tus recuerdos, y descubre si hay alguien que tú crees que tenga algo contra ti.

¿Acaso guardas en tu corazón un sentimiento de tristeza, de deseo de venganza, de coraje, de odio, de rencor, por alguien que daño te causó?

Te daré un consejo.

Agradece a todos aquellos que han puesto piedras y obstáculos en tu camino, que te han perseguido, que han intentado destruir lo que has construido, que te han difamado, que te han ofendido, que te han juzgado injustamente, porque lo que han hecho contigo lo han hecho conmigo.

Alégrate. Te han crucificado conmigo. Tu premio será grande en el Reino de los Cielos.

No les guardes rencor. Míralos desde lo alto de la cruz, y perdónalos.

Pide a mi Padre que los perdone, porque no saben lo que hacen. Él ha permitido que se les nuble el entendimiento.

Cambia tu percepción. Mira que ellos han sido instrumentos para que tú crezcas en gracia, en virtud, y se vea que tus obras son de Dios.

No los juzgues. Yo ya los perdoné.

Lo que a ti te duele, a mí me duele también.

Yo los perdono, pero sobre ellos caerá la ira divina, por mi justicia.

Es más difícil perdonar a aquellos que no se arrepienten, que no se acercan a pedir perdón. Pero si transformas esos sentimientos negativos en amor a tu Señor, amando las heridas que por ellos llevo en mi corazón, sabiendo que ese prójimo también soy yo, entonces encontrarás paz en tu corazón.

Cuando un penitente se confiesa de sus pecados tú perdonas y absuelves en mi nombre, y después olvidas. No hay ningún rencor. Puede haber sufrimiento por el dolor causado a mi Corazón, con el que estás configurado. Pero eso te motiva a la reparación, expiando esos pecados.

Ten compasión. No esperes que vengan a ti aquellos que no te quieren. No hace falta. YO ESTOY AQUÍ. Yo te pido perdón.

Si perdonas, puedes olvidar, y vivir en paz.

Solo te advierto que habrá más. Tal vez otros, o los mismos, que intentarán destruirte. Recuerda que todo lo permite Dios para que tú crezcas. Pero si tú tienes un alma renovada, llena de la luz del Espíritu Santo, perdonarás, aunque ellos no te pidan perdón, porque yo estaré aquí, como hoy.

Vive practicando la regla de oro de la caridad.

Entonces tendrás paz.