20/01/2026

Mt 17, 1-9 - Rostro transfigurado

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA

ROSTRO TRANSFIGURADO

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 

«Su rostro se puso resplandeciente como el sol» (Mt 17, 2).

Amigo mío:

Aquí estoy, frente a ti, exponiéndote mi Corazón, para que me conozcas tal cual soy, transfigurado, real.

Abre tus ojos para que veas la verdad.

Soy en todo igual a ti, y tú eres igual a mí.

Yo soy, además, divinidad.

Pero yo te divinizo, uniéndote a mí, configurándote conmigo.

Y lo único que nos hace diferentes es el pecado.

Cuando cometes pecado ya no eres igual a mí.

Sin embargo, yo te he dado la posibilidad de arrepentirte, de ser perdonado, y de volver a parecerte a mí.

Este tiempo de Cuaresma es tiempo de hacer penitencia, de exponer tu corazón ante mí, de mostrarme en tu rostro, desfigurado por el pecado, abrazándote a mi cruz, haciendo penitencia, contemplando este rostro desfigurado por el pecado de los hombres, que yo he asumido como mío, para perdonarlos.

Si tu rostro es señal de penitencia, desfigurado como el mío; si pides clemencia y perdón, no solo por tus pecados, sino por los pecados de tus hermanos, bendito seas, porque te parecerás a mí.

Asume tu responsabilidad de ser cordero, como yo, para quitar los pecados del mundo.

Pero no solo diciendo “yo te absuelvo”, aunque lo hicieras porque tienes mi poder.

Pero yo quiero más, yo quiero que hagas tuyos esos pecados que te confiesan, que compartas mi cruz, que hagas penitencia, que pidas misericordia para ellos –que son penitentes como tú–, que te duelas por las ofensas que los hombres cometen contra Dios, y que, una vez que tú hayas perdonado, muestres al mundo tu rostro transfigurado, en el amor, manifestando tu compasión, predicando mi Palabra, para que me escuchen, para que conozcan mi voz.

Yo hablo fuerte y claro. Mi Palabra les atravesará el corazón. Es como una espada de dos filos que los hace ver tal cual son, y expone las intenciones de cada corazón.

Abre tu corazón.

Pídeme perdón…

Yo te perdono.

Quedas libre de toda culpa.

Vete en paz, y no vuelvas a pecar.

Haz penitencia, haciendo lo que más te cuesta, dedicando tiempo para administrar el santo sacramento de la Reconciliación y la Dirección espiritual, al rebaño que yo te he encomendado, para que lo prepares para luchar junto a mi Madre, para el triunfo de su Corazón Inmaculado.

Sé firme y estricto, porque ella merece lo mejor.

Que esa sea la penitencia por tus pecados, y por los pecados de tus hermanos.

Y una cosa más.

Quiero que te vean como yo soy, y que te transfigures frente a cada uno de tus fieles.

Que no te vean a ti tan solo como sacerdote.

QUE ME VEAN A MÍ, LA MISERICORDIA DE DIOS.