PARA EXAMINAR LA CONCIENCIA – DEMOSTRAR LA FE
Hermano sacerdote:
hoy es el lunes de la Semana XIV del Tiempo Ordinario.
En el evangelio de la misa de hoy, tomado de san Mateo: 9, 18-26, se recoge la escena de la resurrección de la hija de Jairo y la curación de la mujer que padecía flujo de sangre. Jesús alaba la fe de la mujer, por la cual fue curada, y dice que la niña no está muerta, sino que está dormida.
Al finalizar esta jornada, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine, para que la palabra de Dios, que es como una espada de dos filos, penetre en nuestro corazón y nos mueva a la conversión.
Vamos a reflexionar en ese pasaje del santo Evangelio, acudiendo a la Virgen Santísima, para examinar nuestra conciencia sobre cómo es nuestra fe. Revisemos si fortalecemos la fe de los demás a través de nuestras obras de fe, y si fortalecemos la nuestra con la oración, la palabra, los sacramentos y la ayuda de nuestra Madre.
Meditemos, como nuestra Madre, todas las cosas en nuestro corazón.
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Hermano sacerdote:
hoy es el lunes de la Semana XIV del Tiempo Ordinario.
En el evangelio de la misa de hoy, tomado de san Mateo: 9, 18-26, se recoge la escena de la resurrección de la hija de Jairo y la curación de la mujer que padecía flujo de sangre. Jesús alaba la fe de la mujer, por la cual fue curada, y dice que la niña no está muerta, sino que está dormida.
Al finalizar esta jornada, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine, para que la palabra de Dios, que es como una espada de dos filos, penetre en nuestro corazón y nos mueva a la conversión.
Vamos a reflexionar en ese pasaje del santo Evangelio, acudiendo a la Virgen Santísima, para examinar nuestra conciencia sobre cómo es nuestra fe. Revisemos si fortalecemos la fe de los demás a través de nuestras obras de fe, y si fortalecemos la nuestra con la oración, la palabra, los sacramentos y la ayuda de nuestra Madre.
Meditemos, como nuestra Madre, todas las cosas en nuestro corazón.
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«La niña no está muerta, está dormida».
Eso dice Jesús.
Y se refiere a tu fe, sacerdote, porque una fe sin obras está muerta.
Pero tú has demostrado con tus obras tu fe, desde el día en que tu Señor te ha llamado, y tú lo has escuchado y has creído en Él y en su poder, para hacer de ti, que eras tan solo un hombre indigno y pecador, por su gracia, y por su don inmerecido, un pastor, un amigo, un ministro, un sacerdote.
Tú has dejado todo, y has tomado tu cruz para seguir a tu Señor Jesús.
Por tu fe has dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos y tierras, por su nombre, y por esa fe recibirás el ciento por uno en esta vida, y la vida eterna.
Tu Señor te ha enviado al mundo como médico de cuerpos y almas, para buscar no a los justos, sino a los pecadores, porque no necesitan médico los sanos, sino los enfermos.
Mira, sacerdote, la fe de tu pueblo. Mira, los rebaños no están completos.
Tu Señor te ha enviado a buscar también a las ovejas perdidas, a las que se han desviado, porque les falta fe.
Demuestra tu fe, sacerdote, para que por tu fe sean sanados los que tienen fe, y aquellos a los que les falta fe, los que creen, y los que no creen, los que viven en la paz de conocer la misericordia de Dios, y los que viven atribulados, deprimidos y desesperados, porque nadie les ha enseñado la Palabra de Dios.
Fortalece tu fe, sacerdote, con los Sacramentos y la Palabra de tu Señor, con la oración y tomado de la mano de su Madre, abriendo tu corazón. Y contagia al mundo tu fe, predicando la Palabra, bautizándolos con el Espíritu Santo y agua, para que los que estén muertos, vivan, cuando, por tu fe, tu Señor los mire, como a la niña que no está muerta, solo está dormida, y extienda su brazo a través de tu brazo, y a través de tu voz les diga: ten confianza, tu fe te ha sanado.
Y tú, sacerdote, ¿confías en tu Señor?
¿Has mantenido fuerte tu fe?
¿Conoces el poder de tu Señor, y crees en Él?
¿Presentas ante Él las intenciones de su pueblo para que se compadezca de él?
¿Le pides con insistencia y con fe?
¿Enseñas a tus fieles a pedir con verdadera fe, con esperanza, y con amor, confiando en el poder de su Señor?
¿Pides la fe que te falta?
Escucha la Palabra de tu Señor, sacerdote, y acude a su llamado, que es todos los días, y déjalo admirado de tu fe, renunciando al mundo, cada día, tomando tu cruz con alegría, siguiéndolo, sirviéndolo, cumpliendo sus mandamientos, y haciendo todo lo que Él te diga. Confiando en su Palabra y en que tu Señor siempre cumple sus promesas, uniendo tu voluntad a la suya, poniendo tu lámpara encendida sobre la mesa, iluminando al mundo con la luz de Cristo, confirmándolos en la fe.
Entonces, verás milagros.
