Mt 9, 36-10, 8 - Domingo XI del Tiempo Ordinario (A)
Mt 9, 36-10, 8 - Domingo XI del Tiempo Ordinario (A)
00:00
00:00

PARA EXAMINAR LA CONCIENCIA – LA MEJOR VOCACIÓN: SER CRISTO

Hermano sacerdote:

hoy es el domingo XI del Tiempo Ordinario (A).

En el evangelio de la misa de hoy, tomado de san Mateo: 9, 36-10, 8, se recoge una escena cuando Jesús se compadece de la multitud y pide a sus discípulos que rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Luego se recogen los nombres de los Doce apóstoles, a quienes envía, con poder, a proclamar que ya se acerca el Reino de los cielos.

Al finalizar esta jornada, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine, para que la palabra de Dios, que es como una espada de dos filos, penetre en nuestro corazón y nos mueva a la conversión.

Vamos a reflexionar en ese pasaje del santo Evangelio, acudiendo a la Virgen Santísima, para examinar nuestra conciencia sobre cuál es nuestra actitud ante el trabajo sacerdotal y el fomento de vocaciones. Revisemos si nuestro testimonio de vida, luchando por cumplir con todas nuestras responsabilidades, fomenta vocaciones, conscientes de que no nos faltará la gracia de Dios para hacerlo.

Meditemos, como nuestra Madre, todas las cosas en nuestro corazón.

+++

«La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos».

Eso dice Jesús.

Se lo dice a sus siervos, a sus obreros, a sus amigos. Te lo dice a ti, sacerdote. Y tú eres testigo de esto, porque lo vives, porque lo sufres, porque lo sabes.

Y tú, sacerdote, ¿haces lo que tu Señor te dice, y ruegas al dueño de la mies para que mande más obreros a sus campos, o solo te quejas por la cantidad de trabajo que debes hacer, y de tus fatigas, y del poco tiempo con que cuentas para descansar?

¿Fomentas las vocaciones, siendo ejemplo con tu vida de la alegría que te causa servir a tu Señor?

¿Te comportas de manera irreprochable en tus actos, y obras con rectitud de intención, dando buen testimonio?

¿Ejerces un ministerio íntegro, virtuoso y santo?

¿Practicas en tu vida ordinaria, en todo momento, lo que predicas, o eres un sacerdote de “medio tiempo”?

Tu Señor te ha llamado, sacerdote, no eres tú quien lo eligió a Él, sino que es Él quien te eligió a ti, con un llamado tan fuerte que no pudiste resistir, no pudiste negar, no pudiste ignorar, no pudiste callar, y dijiste sí, y lo dejaste todo, tomaste tu cruz, y lo seguiste, con la emoción y la ilusión de un corazón enamorado.

Tu Señor ha traspasado tus miserias con su mirada, y ha encendido tu corazón, en donde ha hecho su morada, para que, a través de ti, y con tu voluntad entregada a la voluntad del Padre, adquieras sus mismos sentimientos, muriendo al mundo para vivir en Él, para hacer sus obras, actuando por Él, con Él y en Él, in persona Christi.

Por tanto, sacerdote, tú has sido configurado con tu Señor, con su humanidad y con su divinidad, cada minuto de tu vida, en todo momento, en todo lugar, y no solamente en la sede, en el ambón y en el altar.

Agradece, sacerdote, y corresponde al favor de tu Señor, que al darte su misma vocación te da su poder, y también te da la gracia para seguirlo, para aprender de Él, para vivir como Él, haciendo el bien, resistiendo a toda tentación, fortaleciendo en la oración tu voluntad y tu corazón, recibiendo y transmitiendo el amor de tu Señor, a través de su misericordia.

Tu Señor te ha enviado a curar enfermos, a resucitar muertos, a expulsar demonios.

Y tú, sacerdote, ¿haces todo esto?

¿Proclamas que el Reino de los Cielos está cerca?

¿Cumples los compromisos adquiridos, de acuerdo a tu vocación y al ministerio que te ha sido encomendado?

¿Agradeces con tus obras constantemente todo lo que tu Señor te ha dado gratuitamente?

Haz un alto en el camino, sacerdote, y revisa a fondo tu conciencia: ¿has cumplido con todo lo que tu Señor te ha pedido?

¿Has amado como Él, hasta el extremo, entregando tu vida de acuerdo a tu vocación y a través de tu ministerio, o te has quedado sentado y resignado, esperando a que otros terminen tu trabajo?

¿El rebaño que te ha sido confiado camina seguro en la alegría de seguir a su Señor, o camina como ovejas perdidas sin pastor?

Tu Señor te ha elegido y te ha enviado como cordero en medio de lobos. Pero no te ha enviado solo, sacerdote, Él está contigo todos los días de tu vida, y te ha enviado al Espíritu Santo con sus dones, frutos, y carismas, para que nada te falte.

Tú tienes, sacerdote, la mejor vocación: vocación al servicio, vocación al amor, vocación a ser Cristo, para ser partícipe de la redención, porque tú tienes el poder de convertir al mundo para alcanzarle la salvación, porque estás configurado con tu Señor, y el Espíritu Santo te ha sido dado, y su gracia te basta.