PARA EXAMINAR LA CONCIENCIA – ENVIADOS Y PERSEGUIDOS
Hermano sacerdote:
Hoy es el viernes de la 4a. Semana de Cuaresma.
En el evangelio de la misa de hoy, tomado de san Juan: 7, 1-2. 10. 25-30, se recogen unas palabras de Jesús a los judíos, cuando les dice: “yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado”. Ellos trataron de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
Al finalizar esta jornada pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine, para que la Palabra de Dios, que es como una espada de dos filos, penetre en nuestro corazón y nos mueva a la conversión.
Vamos a reflexionar en ese pasaje del santo Evangelio, acudiendo a la Virgen Santísima, para examinar nuestra conciencia sobre cómo es nuestro testimonio de Jesús. Revisemos si ponemos nuestra fe en obras, cumpliendo lo que el Señor nos ha pedido, y si nos alegramos cuando somos perseguidos por su causa.
Meditemos, como nuestra Madre, todas las cosas en nuestro corazón.
+++
«La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así los envío yo» (Jn 20, 21).
Eso dice Jesús.
Eso te dice a ti, sacerdote.
Y con esa seguridad y confianza, con la que el Padre lo ha enviado a Él al mundo, a salvar a los que estaban perdidos, así te envía Él, sacerdote.
No has sido tú quien lo ha elegido a Él. Es Él quien te ha elegido a ti, para que vayas y des fruto, y ese fruto permanezca.
Para que pongas tu fe en obras y des testimonio de Él por tus obras, para que el mundo crea en Él y tengan vida eterna.
Y tú, sacerdote, ¿has escuchado su llamado, y has aceptado ser enviado?
¿Has dicho sí, y has obedecido en todo lo que tu Señor te ha pedido?
¿Haces la voluntad de tu Señor?, ¿o la voluntad de los hombres?
¿Escuchas su Palabra y la pones en práctica cuando te dice: no digas soy muy joven, porque a dondequiera que yo te envíe irás, y todo cuanto yo te ordene dirás. No tengas miedo porque yo estoy aquí para salvarte?
Confía, sacerdote en tu Señor, como Él confía en ti, y hazte obediente como Él, que se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Proclama la grandeza del Señor, haciendo todo cuanto Él te manda, y proclama y cumple su Palabra, porque eso es lo que te manda.
Y alégrate, sacerdote, cuando seas perseguido por su causa.
Alégrate cuando te injurien, te maldigan, o mientan contra ti por la causa de Cristo, porque serás bienaventurado.
No es más el discípulo que su maestro.
Bástale al discípulo ser como su Maestro y al siervo como su Señor.
Y tú, sacerdote, ¿conoces a tu Maestro? ¿Sabes de dónde viene tu Señor?
¿Crees en Él y en que Él es el Hijo único de Dios, que ha venido al mundo para salvarte, que te ve, que te escucha, que te llama, que te busca, para conquistarte, para configurarte, para hacerse tuyo, para hacerte suyo, y así como fue enviado, así Él enviarte?
¿Te reconoces elegido, sacerdote?
Pues agradece, porque lo eres.
No porque tú lo merezcas, sino porque Él quiere.
Y, ¿quién eres tú para cuestionar o para negar la voluntad de tu Señor?
Un siervo fiel y prudente. Eso es lo que eres, sacerdote.
Haz lo que tienes que hacer, y obedece, porque, así como tu Señor te envía, te pide, te exige, y en ti confía para hacer sus obras, así también Él, que es bueno y misericordioso, te promete una recompensa muy grande en el cielo.
Tu Señor te envía, pero no te envía solo, sacerdote, Él está contigo todos los días de tu vida; y aquí tienes a tu Madre, que te guía, que te cuida, que te protege, que te acompaña, y te lleva por camino seguro.
¿Necesitas, acaso, alguna otra cosa?
