PARA EXAMINAR LA CONCIENCIA – SABER QUIÉN ES JESÚS
Hermano sacerdote:
hoy es el sábado de la 4a. semana de Pascua.
En el evangelio de la misa de hoy, tomado de san Juan: 14, 7-14, se recogen palabras de Jesús en la Última Cena, cuando dice que el que lo conoce a Él conoce también al Padre. Dice "quien me ha visto a mí ha visto al Padre". Y también que es el Padre el que permanece en Él y hace las obras. A los discípulos les asegura que el que crea en Él hará las obras que Él hace, y aun mayores, y que hará cualquier cosa que se pida en su nombre.
Al finalizar esta jornada, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine, para que la Palabra de Dios, que es como una espada de dos filos, penetre en nuestro corazón y nos mueva a la conversión.
Vamos a reflexionar en ese pasaje del santo Evangelio, acudiendo a la Virgen Santísima, para examinar nuestra conciencia sobre cómo es nuestro conocimiento de Jesús y del Padre. Revisemos si conocemos el Camino, la Verdad y la Vida; si creemos que Cristo está vivo, y que su palabra es viva y eficaz; si lo tratamos con fe, como a un amigo, con confianza; si reconocemos su presencia real en la Sagrada Eucaristía.
Meditemos, como nuestra Madre, todas las cosas en nuestro corazón.
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«¿Tanto tiempo llevo con ustedes y aún no me has conocido?»
Eso pregunta Jesús.
Eso te pregunta a ti, sacerdote.
Y tú, en plena conciencia, y con total humildad y honestidad, contesta:
¿Lo conoces? ¿Sabes quién es tu Señor? ¿Crees en Él?
¿Conoces al Padre que lo ha enviado?
¿Crees que Él está en el Padre y el Padre está en Él?
Y tú, sacerdote, ¿estás en Él, como Él está en el Padre?
¿Haces sus obras y aún mayores?
¿Crees que Él hará todo lo que tú le pidas en su nombre?
¿Le pides? ¿Confías? ¿Recibes?
¿Estás dispuesto a que Él haga sus obras a través de ti?
¿Por dónde caminas, sacerdote? ¿A quién sigues? ¿A quién guías? ¿A dónde vas?
Tu Señor es el Camino. Pero si tú no conoces el camino, ¿en dónde caminarás?
Tu Señor es la Verdad. ¿Conoces la verdad? Porque, si no conoces la verdad, ¿cómo puedes discernir en un mundo lleno de mentira?
¿Y cómo puedes enseñar esa verdad a los demás?
La verdad te hace libre, sacerdote. Y tú, ¿vives en libertad?, ¿o estás atado a los apegos, y encadenado a las miserias del mundo?
Tu Señor es la Vida. Y tú, sacerdote, ¿tienes el alma viva?
¿Te sientes vivo, o sientes que te asfixia el ambiente en el que te has sumergido?
¿Conoces la vida?
Porque, todo el que vive reconoce la diferencia entre la vida y la muerte, y escoge siempre la vida.
Pero, si tú no sabes lo que es estar vivo, ¿cómo puedes ofrecerle a otros la vida?
Cree, sacerdote, en tu Señor, que ha muerto por ti, y ha resucitado para darte vida; porque estabas perdido y Él te ha encontrado; estabas muerto, y Él te ha vuelto a la vida.
¡Respira, sacerdote! Cristo vive en ti y Él es la vida.
Cree, sacerdote, en Cristo vivo, porque si tú no crees que tu Señor ha resucitado, vana es tu fe.
Tu Señor es la Palabra, y si tú crees que tu Señor está vivo, entonces creerás que su Palabra es viva y eficaz.
Practica, entonces, sacerdote, lo que predicas, y vivirás, y darás vida a los demás.
Pídele, sacerdote, a tu Señor, la fe que te falta para hacer sus obras, y luego hazlas.
¿Sabes pedir, sacerdote?
¿Tratas a tu Señor de amistad y con confianza?
¿Acudes a Él para hablar, y con humildad reconoces tus miserias, y le confiesas que estás necesitado de su misericordia?
¿Dispones tu corazón en la oración para recibir lo que le pides?
¿Le expones tu corazón, y compartes con Él las experiencias de cada día?
¿Lo tratas, y compartes con Él, como un Amigo?
¿Lo procuras, como un Hermano?
¿Confías en Él, y lo obedeces como a un Padre?
¿Lo sirves como a un Amo?
¿Aprendes de Él, y lo respetas como un Maestro?
¿Lo sigues como un cordero a su Pastor?
¿Lo reconoces, lo alabas y lo proclamas como Rey?
¿Lo adoras, lo veneras, y reconoces como único y verdadero Dios?
¿Te humillas ante Él, como tu Amo, Dueño y Señor?
¿Te configuras con Él, como Sumo y Eterno Sacerdote?
¿Reconoces su presencia real y substancial en la Eucaristía?
Escucha la Palabra de tu Señor, sacerdote, para que conozcas que Él es.
Y luego ve y dile cuánto lo amas, para que sepas cuánto lo conoces.
