Jn 19, 31-37 - Sagrado Corazón de Jesús
Jn 19, 31-37 - Sagrado Corazón de Jesús
00:00
00:00

PARA EXAMINAR LA CONCIENCIA – CORAZÓN SACERDOTAL, CORAZÓN SAGRADO

Hermano sacerdote:

hoy es la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

La liturgia de hoy nos recuerda los infinitos tesoros del amor del Corazón de Cristo, traspasado por nuestros pecados, pidiendo a Dios su gracia para que podamos cumplir con el deber de una digna reparación.

Al finalizar esta jornada, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine, para que la palabra de Dios, que es como una espada de dos filos, penetre en nuestro corazón y nos mueva a la conversión.

Vamos a reflexionar en ese pasaje del santo Evangelio, acudiendo a la Virgen Santísima, para examinar nuestra conciencia sobre cómo correspondemos al amor de Cristo. Revisemos también si tenemos sus mismos sentimientos, y si compartimos el amor de su corazón por todos los hombres.

Meditemos, como nuestra Madre, todas las cosas en nuestro corazón.

+++

«He encontrado un hombre según mi corazón, que realizará todo lo que yo quiera» (Hch 13, 22).

Eso dijo el Señor tu Dios, y se refiere a ti, sacerdote.

Tu Señor te ha elegido, y te ha llamado por tu nombre, porque desde antes de nacer, Él ya te había conocido. Profeta de las naciones te constituyó, y te tenía consagrado y predestinado a ser configurado con su Sagrado Corazón, para que tengas sus mismos sentimientos, y realices sus obras, por amor.

Y tú, sacerdote, ¿amas a tu Señor? ¿Qué tanto lo amas? ¿Sabes por qué lo amas?

Tú amas a tu Señor, sacerdote, porque Él te amó primero.

Tu Señor es el único Dios verdadero, y Dios es amor.

El amor consiste no en que tú ames a Dios, sino en que Él te amó primero, y te envió a su único Hijo como víctima de expiación por tus pecados. No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Tu Señor no ha venido a ser servido, sino a servir. Y tú, sacerdote, has sido puesto para servirlo, pero Él no te ha llamado siervo, te ha llamado amigo, porque a ti te ha sido dado un corazón como el suyo.

Corazón Sagrado, que ha sido traspasado en la cruz, derramando en sangre y agua la misericordia para el mundo.

Sagrado Corazón herido y maltratado por el pecado de los hombres, y abierto y expuesto, en un último acto de entrega total, derramando su sangre hasta la última gota, para que se cumplieran las Escrituras.

Sagrado Corazón que se alegra más por un solo pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos, porque tu Señor no ha venido a buscar a justos, sino a pecadores.

Tú eres, sacerdote, esa oveja perdida, y eres la causa de su alegría, porque Él te envía para que, a través de ti, consiga noventa y nueve justos.

Permanece, sacerdote, en el amor del Sagrado Corazón de tu Señor, que te dice: ven a mí cuando estés cansado y agobiado por la carga, que yo te aliviaré, toma mi yugo sobre ti, y aprende de mí, que soy manso y humilde de corazón.

Tu Señor te ofrece descanso, porque su yugo es suave y su carga ligera.

Sagrado Corazón agradecido, que alaba a Dios por haberte revelado la verdad, a ti, un hombre sencillo, pero con un corazón enamorado como el suyo, corazón sacerdotal, corazón sagrado.

Y tú, sacerdote, ¿reconoces en ti los mismos sentimientos de tu Señor?

¿Compartes con Él el amor de su Sagrado Corazón?

¿Estás configurado totalmente con Cristo Buen Pastor?

¿Tienes un corazón totalmente enamorado de los hombres, como el Señor tu Dios?

Acude, sacerdote, al auxilio de la Madre de tu Señor, y ofrécele tu corazón contrito y humillado, para que sea consagrado a su Corazón Inmaculado, reconociéndote hijo, para ser engendrado en su corazón de Madre, abandonándote en sus brazos como un niño, para que ella consiga para ti un corazón renovado, un corazón de Cristo, un corazón sagrado, un corazón enamorado, con el que realices actos de amor, para reparar el desamor en el Sagrado Corazón de tu Señor.