Mc 12, 13-17 - Martes IX del Tiempo Ordinario
Mc 12, 13-17 - Martes IX del Tiempo Ordinario
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 PARA EXAMINAR LA CONCIENCIA – ENSEÑAR A ADORAR A DIOS 

Hermano sacerdote:

Hoy es el martes de la 9a. Semana del Tiempo Ordinario.

En el evangelio de la misa de hoy, tomado de san Marcos 12, 13-17, se recoge la escena cuando le preguntan a Jesús si es lícito o no pagar el tributo al César. El Señor les muestra la imagen del César en la moneda, y les dice "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Al finalizar esta jornada, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine, para que la palabra de Dios, que es como una espada de dos filos, penetre en nuestro corazón y nos mueva a la conversión.

Vamos a reflexionar en ese pasaje del santo Evangelio, acudiendo a la Virgen Santísima, para examinar nuestra conciencia sobre cuál es nuestra disposición para escuchar y ser dóciles al Espíritu Santo cuando nos muestra cuál es la voluntad de Dios. Revisemos también si le estamos dando a Dios lo que le corresponde, en nuestra vida personal y en nuestro ministerio.

Meditemos, como nuestra Madre, todas las cosas en nuestro corazón.

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«Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».

Eso dijo Jesús.

Se lo dijo a los que lo perseguían, y los dejó admirados.

Esas son palabras sabias y verdaderas. Son palabras que salen de la boca, pero provienen del corazón del que ha sido puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción.

Y te lo dice a ti, sacerdote, para que no te equivoques.

Tu Señor te dice: amigo mío, ¿por qué me persigues?

Abre los ojos, sacerdote, tu Señor te ha elegido para hacer su voluntad.

El Espíritu Santo te enseñará y te recordará todas las cosas, sacerdote. Acude a Él, invócalo, invítalo, recíbelo, y permítele obrar en ti, abriendo y disponiendo tu corazón con docilidad a sus inspiraciones, a sus locuciones, a sus luces, y a sus dones, para un buen discernimiento a la Divina voluntad, y en plena conciencia puedas actuar, haciendo el bien con total libertad, sabiendo que la obediencia radica en acatar esa Divina voluntad, porque hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

Persevera, sacerdote, porque a ti te ha sido dada la verdad, para que enseñes al pueblo de Dios, para que transmitas tu fe, tu confianza y tu amor a tu Señor, que te ha hecho pastor para que ellos te sigan.

Tu Señor te ha enviado como testigo.

Glorifica a tu Señor, sacerdote, adorando su Cuerpo y su Sangre, su Alma y su Divinidad, en su presencia viva, que es Eucaristía.

Enseña al pueblo de Dios a adorar a su Señor, que es el único Dios verdadero, y que renuncien a la idolatría y a las falsas predicaciones, que son palabrería, reconociendo a Jesucristo como su único Dueño, Amo y Señor.

Dale al César lo que es del César, y dale a Dios lo que es de Dios, sacerdote, porque nadie puede servir a dos señores, porque odiará a uno, y amará al otro, se entregará a uno y despreciará al otro, porque no pueden servir a Dios y al dinero.

Escucha, sacerdote, la voz de tu Señor, y acata su Palabra. Eso es lo que tu Señor te manda.

Busca primero el Reino de Dios y su justicia, sacerdote, y no te preocupes de nada, porque todo lo demás se te dará por añadidura.

Y tú, sacerdote, ¿eres un hombre justo?

¿Obras con la justicia de Dios, o juzgas como los hombres?

Justo es dar a los hombres lo que les corresponde, obrando siempre con rectitud de intención, con el único propósito de que todos los hombres alcancen la salvación, y dar así a Dios lo que le corresponde.

Tú eres sacerdote para regir, para enseñar y para santificar al pueblo de Dios.

Enséñalos a adorar a su Señor.

Guíalos, configurado con Jesús Buen Pastor.

Santifícalos, administrando los sacramentos.

Enséñalos a hacer oración para descubrir la voluntad de Dios, para cada uno, en cada momento y circunstancia de su vida.

Predica la Palabra de tu Señor, y ponla en práctica, aplicándola en tu vida, para que des testimonio de Él.

Enséñales el camino más fácil para llegar a tu Señor, a través de la compañía de su Madre, para que busquen a Cristo, encuentren a Cristo, amen a Cristo.