Mc 16, 15-20 - Solemnidad de la Ascención del Señor
Mc 16, 15-20 - Solemnidad de la Ascención del Señor
00:00
00:00

 PARA EXAMINAR LA CONCIENCIA – QUEDARSE CON JESÚS

Hermano sacerdote:

hoy es la solemnidad de la Ascensión del Señor.

En los evangelios sinópticos se recoge la escena de la Ascensión del Señor a los cielos, en donde se destaca el mandato misionero, de ir por todo el mundo a predicar el evangelio, siendo sus testigos. Jesús les promete a sus discípulos estar con ellos hasta el fin del mundo.

Al finalizar esta jornada, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine, para que la Palabra de Dios, que es como una espada de dos filos, penetre en nuestro corazón y nos mueva a la conversión.

Vamos a reflexionar en esa escena del santo Evangelio, acudiendo a la Virgen Santísima, para examinar nuestra conciencia sobre si somos conscientes de que Jesús está siempre con nosotros. Revisemos si hacemos sus obras, como testigos y ministros de su palabra, asegurando así su presencia viva.

Meditemos, como nuestra Madre, todas las cosas en nuestro corazón.

+++

Sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo  (Mt 28, 20)

Eso dijo Jesús.

Y lo dijo antes de subir al cielo.

Y se lo dijo a los Apóstoles, que lo escucharon y le creyeron.

Tu Señor estuvo con ellos, y con los que lo siguieron después de ellos, como está contigo, sacerdote. Y tú, sacerdote, ¿le crees?

Y así como Él está contigo, ¿tú estás con Él?

Tu Señor es tu amigo. Y tú, sacerdote, ¿eres un amigo fiel?

Tu Señor está contigo. Permanece tú con Él. No mirando al cielo, viendo que se ha ido, sino haciendo sus obras, seguro de que Él está contigo.

Tu Señor te ha llamado, y te ha elegido, y te ha enviado a bautizar a su pueblo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

No le digas que no sabes hablar, y eres tan solo un muchacho, porque allá a donde te envíe irás, y todo cuanto te ordene lo dirás.

Tu Señor te dice “no les tengas miedo, que yo estoy contigo para salvarte”.

Y tú, sacerdote, ¿le crees?

Tu Señor te ha dicho: “yo te envío para que seas mi testigo”, y ha puesto sus palabras en tu boca.

A Él le ha sido dado todo el poder en los cielos y en la tierra. Y con ese poder te envía a predicar el Evangelio por todo el mundo, para que crean en Él, y con ese poder te envía a todas las naciones, para arrancar y abatir, para destruir y arruinar, para construir y plantar.

Pero tu Señor, que ha sido en todo igual a ti, menos en el pecado, conoce tu debilidad, tu fragilidad, tu incapacidad, tu miseria, tu maldad, tu concupiscencia, tu impotencia, tu ignominia, tu infidelidad, tu soberbia, tu egoísmo, tu falta de generosidad, tu fe debilitada, tu esperanza atribulada, tu falta de paz, tu miedo, tu angustia, tu temor a la soledad que te lleva al desánimo y a la inseguridad, que da cabida a la duda y a la incredulidad.

Te comprende, te compadece, porque te entiende, y sabe que, a pesar de ser un pecador, tú tienes mucho amor, y eso le basta, porque un corazón contrito y humillado Él no lo desprecia.

Tu Señor te conoce, sacerdote, y sabe que tú solo no puedes, pero que quieres lo que Él quiere, que quieres porque Él quiere, que quieres como Él quiere, y que quieres cuando Él quiere.

Esa es la disposición que te mantiene configurado con tu Señor, en un mismo espíritu, y en un solo corazón, por el Espíritu Santo que se ha derramado en ti, porque lo amas.

Tu Señor ha subido al cielo a sentarse a la derecha de su Padre, para ser glorificado con la gloria que tenía junto a Él, antes de que el mundo existiera.

Y a ti, sacerdote, de esa gloria te hace parte, y te envía a hacer sus obras y aún mayores, para que sea glorificado el Padre en el Hijo.

Por tanto, sacerdote, tu Señor glorifica al Padre a través de ti.

Tu Señor, que ha venido al mundo a morir por ti, para salvarte, ha resucitado, y ha subido al Padre, para enviarte al Espíritu Santo que te une a Él, y te hace uno con Él, porque tu Señor ha venido al mundo para quedarse.

Tu Señor se queda contigo, sacerdote, y a través de ti permanece su presencia viva en el mundo, hasta que vuelva.