RECIBIR LOS TESOROS DE LA REINA DE CIELOS Y TIERRA
Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
(Fuente: Espada de Dos Filos VII, n. 17)
«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
FIESTA DE NUESTRA SEÑORA MARÍA REINA
Evangelio según san Lucas: 1, 26-38
Concebirás y darás a luz un hijo.
«Hijos míos: mi Hijo es Cristo, Rey del Universo. Y me ha coronado en la Santísima Trinidad como Reina de los cielos y de la tierra. Y me ha dado todo el poder en los cielos y en la tierra, porque yo hago todo para la gloria de Dios.
Mi Hijo es al mismo tiempo Sacerdote, Víctima y Altar, mediador entre Dios y los hombres, para llevar a los hombres a Dios.
Yo ruego para que, por el amor de Dios y su misericordia, ustedes crean en Él. Cristo es el camino que los guía a la puerta del cielo, que por la misericordia de Dios y a través de mí ha sido abierta con las llaves del Espíritu Santo.
Hijos míos, alégrense, porque yo soy la Reina del cielo y de la tierra, y mis tesoros son para enriquecerlos a ustedes y convertir sus corazones, para que crean en mi Hijo, que es el único Hijo de Dios, que vino para salvarlos y reunirlos en un solo pueblo santo de Dios, y que vendrá para hacer justicia, porque Él, que es Dios guerrero y Rey de los ejércitos, ha ganado para Él un pueblo de sacerdotes, profetas y reyes, eligió a uno como roca para edificar su Iglesia, y le dio las llaves del Reino de los cielos, para que lo que él ate en la tierra quede atado en el cielo, y lo que él desate en la tierra quede desatado en el cielo.
Yo soy Reina y soy Madre, para encargarme de que mis hijos cumplan los deseos del Rey. Pero algunos soldados han desobedecido, y el ejército se ha dispersado. Algunos de mis hijos se han debilitado, han descuidado la fe y han quedado a merced del enemigo. Yo intercedo para que reciban el amor y la misericordia de Dios, para que sean fortalecidos por el Espíritu Santo, que siempre está conmigo, para que crean en Cristo, para que obren las obras de Cristo, para dar honor y gloria a mi Hijo, que es Hijo de hombre, Hijo único de Dios, que es el mismo ayer, hoy y siempre, el Cordero de Dios, el Verbo encarnado, el fruto bendito de mi vientre, el Cristo muerto y resucitado, el Rey de reyes y Señor de señores, el que nació, vivió, murió y resucitó en medio del mundo, para la salvación de los hombres, el mismo que volverá con todo su poder a juzgar a los vivos y a los muertos, y el Niño que está sentado en este trono a la derecha de Dios Padre, por los siglos de los siglos.
Mi deseo como Reina es la conversión de cada uno de mis hijos, unir a todas las naciones en un solo pueblo Santo de Dios. Yo ruego por los que no entran por la puerta, porque la puerta es angosta y no caben, pero tampoco dejan entrar a los demás. Me duele la hipocresía, la desobediencia, la insensatez, la tibieza, la infidelidad. Ojalá fueran como niños, para que se dejen corregir y abrazar, porque es así como yo veo a mis hijos, como niños que yo misma debo educar, con mi amor y ternura, con paciencia, pero con prontitud y firmeza, porque yo soy Madre. Quiero promover la unidad, para establecer en el mundo la paz, que debe reinar primero en sus propios corazones.
Me han coronado con la gloria de Dios en el cielo, y me han hecho Reina de los cielos y de la tierra. De todo lo creado. Mi felicidad es tanta que quiero compartirla, y he suplicado a Dios hacerlos parte conmigo en este reino que no es mío, es el reino de Dios, y Él me ha enviado a buscar a cada uno de mis hijos, para que mi felicidad sea completa al hacerlos parte de su gloria. Porque soy Reina, pero antes de ser Reina fui Madre. Y una madre nunca abandona a sus hijos. Estoy aquí, acompañándolos. He venido a traer el Reino de Dios, porque el Salvador a quien el Ángel del Señor me anunció ha venido conmigo. Él es el Rey, y yo soy su Reina. Él es mi Hijo, y he sido unida a Él, y ya no podemos separarnos. Quiero que me vean a mí para que lo vean a Él. Quiero que me escuchen a mí, para que lo escuchen a Él. Quiero que me sigan, para que caminen con Él, porque el camino es uno, y yo lo he caminado de ida y lo he caminado de vuelta, para llevarlos a todos conmigo. Él es el camino, la verdad y la vida.
Yo soy la Madre de Dios, Madre de todos los hombres, Reina del cielo y de la tierra. Reconozcan mi poder como Reina, sobre los cielos y la tierra, y mi omnipotencia suplicante, como Madre. Acudan a mi protección de Reina, y a mis cuidados de Madre. La Santísima Trinidad me ha coronado con la corona de la victoria, que alcanzará para el mundo la paz».
