HACER LA VOLUNTAD DE DIOS
Meditando el Evangelio desde el CorazĂłn de la Madre
(Fuente: Espada de Dos Filos IV, n. 99)
«MarĂa, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazĂłn» (Lc 2, 19)
Evangelio segĂșn san Lucas: 6, 43-49
ÂżPor quĂ© me dicen âSeñor, Señorâ, y no hacen lo que yo les digo?
«Hijos mĂos: confĂen en el Señor, y hagan su voluntad, porque no todo el que le diga: âÂĄSeñor, Señor!â, entrarĂĄ en el Reino de los Cielos, sino el que cumpla la voluntad del Padre, que estĂĄ en los Cielos. Es necesario escuchar su Palabra y ponerla en prĂĄctica. Mi Hijo JesĂșs les advierte, porque los ama.
Su Palabra es la verdad, que es Ăl mismo. Es el amor que ha sido derramado al mundo, para incluirlos en esa Ășnica verdad de Dios. Porque tanto amĂł Dios al mundo, que le dio a su Ășnico Hijo, para que todo el que crea en Ăl no muera, sino que tenga vida eterna.
La Palabra es dinĂĄmica, estĂĄ viva, fortalece el alma, fortalece la fe de cada hombre dispuesto a recibirla y a transmitirla, para ganar almas para el Reino de Dios.
Palabra que sale de la boca de una mujer que dice sĂ, y que Ăl mismo pone en su boca, en sus labios y en su corazĂłn; y la encarna en su vientre puro e inmaculado, digna morada de Dios.
Palabra que se vuelve presencia cuando la fe de los hombres se transforma en las obras de Dios.
Palabra que no regresa vacĂa, porque la Palabra recoge, acoge, guarda, enriquece y diviniza, alimenta, sostiene, purifica, vivifica, santifica y salva.
La Palabra es el poder de Dios para divinizar al hombre, actuando en lo mĂĄs Ăntimo, en la esencia del ser. Sin la Palabra el hombre es como una flor marchita que nadie ha tenido cuidado de regarla, de cuidarla, de protegerla, y se pierde en la indiferencia de una tierra ĂĄrida, en la que su misma semilla se pierde, se muere. Dios dijo: âhĂĄgaseâ, y todo fue hecho. Ese es el poder de la Palabra, y ese es el poder que Jesucristo ha traĂdo al mundo.
Todo estĂĄ en el plan de Dios. ConfĂen en el Señor y hagan lo que Ăl les diga».
