TENER EL VALOR DE DECIR LA VERDAD
Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
(Fuente: _Espada de Dos Filos_ I, n.48)
Evangelio según san Lucas: 4,14-22
Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura.
«Hijos míos: esto guardo en mi corazón: las espinas de dolor que mi Hijo ha cambiado por pétalos de flor.
El Hijo fue enviado por el amor del Padre a manifestarse a los hombres, derramando su misericordia, lavando con su sangre el pecado, liberando a los hombres cautivos de sus miserias.
Y el Hijo nació con el corazón herido, porque era el corazón de Dios haciendo visible su dolor.
Y ese sufrimiento, causado por las heridas de los pecados de los hombres, lo llevaba mi Niño recién nacido, clavado como espinas en su corazón.
Heridas que dolían, mientras Él crecía en estatura y en sabiduría, mientras entendía el sufrimiento del hombre por sus miserias, y el sufrimiento de Dios por los hombres.
Y las espinas crecieron, mientras crecía su corazón, transformando el dolor en amor, con la misericordia que brotaba de sus heridas.
Y enseñó a los hombres lo que es amar a Dios, amando a los hombres, entregando su voluntad a Dios. Y enseñó a los hombres que Dios los amó primero, y que Dios es el amor. Y reveló a los hombres el rostro de Dios hecho hombre, por la palabra que salía de su boca: el Mesías, el Rey libertador de los pueblos, había nacido en Belén, criado en Nazareth y era la luz para el mundo.
Pero el mundo no lo recibió, y lo rechazó, y no reconoció en el dolor de Cristo el rostro de Dios.
Entonces hizo crecer estas rosas, y en sus tallos las espinas. Las rosas para ungir a su pueblo, las espinas para herir y abrir los corazones.
Y el mundo recibió la luz, desde el corazón de Dios, por medio de estas flores, plasmando la imagen del corazón de la Santa Iglesia en el pecho de mi hijo Juan Diego, el más pequeño, manifestando así el amor de la Madre de Dios a todos los pueblos del mundo entero».
