PRACTICAR LA JUSTICIA, LA MISERICORDIA Y LA FIDELIDAD
Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
(Fuente: Espada de Dos Filos IV, n. 77)
«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
Evangelio según san Mateo: 23, 23-26
Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello.
«Hijos míos: vengan a mí, los cubriré con las estrellas de mi manto, que son el reflejo de la Luz que emana el fruto bendito de mi vientre. Yo ruego por ustedes, en una súplica constante, pidiendo al Padre los dones del Espíritu Santo para ustedes, y el fortalecimiento de su fe. Es mediante la fe que reciben la gracia para vivir en la virtud, para que puedan alcanzar la santidad.
Deben cultivar el hábito de la oración. Es en la oración en donde se convierten sus corazones, en donde se vacían del mundo, para que mi Hijo Jesucristo los llene con su amor. Él los hizo débiles, para fortalecerlos; ignorantes, para llenarlos de sabiduría; y pobres, para enriquecerlos con sus tesoros. Déjense guiar por Él, y síganlo, confiados y abandonados en su misericordia.
No descuiden lo importante. Practiquen la justicia, la misericordia y la fidelidad. Hagan el bien y cumplan con sus obligaciones, pero no antepongan nunca la eficacia a la caridad. Este es mi auxilio y mi llamado para reunirlos conmigo en oración, adoración y alabanza, pidiendo la fe, los dones y las gracias del Espíritu Santo, para que perseveren en el camino del bien, porque el que no obra con misericordia no encontrará misericordia, y el que no obra con justicia, el fuego eterno será su justicia».
